Salvando a Quien Amo

1592 Words
Qué momento tan dulce y personal compartieron ambos, mientras se besaban apasionadamente, danzando suavemente con sus lenguas, mordiendo sus labios y acariciándose pícaramente, los fuegos artificiales dieron inicio, llenando el cielo de miles de colores, veían los brillos con sus ojos cerrados, pero antes de que pudieran seguirlos disfrutando el antiguo asesino sintió un escalofrió que le recorrió todo el cuerpo. Tomo a su chica y dio un salto hacia atrás, justo a tiempo, pues su vestido llego a ser cortado por la estocada de la katana de Crist. —Supongo que era de esperarse, no podía dejar que terminara rápido verdad ¿Tomas? —Cuestiono con intriga y cierta ansiedad Dimas. — ¿Estas bien Ayami? —Pregunto notando, el hueco de su vestimenta en su espalda, la señorita alcanzo a hacer una insegura afirmación — ¡Que mierda estás haciendo aquí! —Grito desenfundando su revólver. —Vengo a ponerle fin a esta farsa, ella no te manipulara más mi querido gato n***o, acabare con ella y podrás volver —Hablo inclinándose en señal de algún respeto enfermizo. — ¿Quién rayos es él? ¿Tuvieron algo? —Dudo la asiática muy confundida. —Solo fue mi compañero, tienes que irte ahora mismo —Aviso sin quitarle la vista de encima al albino. —No voy a dejarte solo que en este maniaco yo… —Antes de que pudiera terminar de hablar los dos guerreros chocaron sus armas. La velocidad de reacción de Hutson le permitió contener el ataque que iba directo contra su novia, por suerte su arma estaba hecha de coltanium, la culata de Inferno era precisamente para parar estocadas, claro que dicha función solo podría ser aprovechada en las manos de un asesino experimentado, Crist intento por todos los medios pasar por encima del azabache, pero era inútil, por muy rápido que moviera su espada esta no llegaba a su objetivo, hasta que finalmente Tomas se cansó y dejo de usar ambas manos para sostener su revólver, aprovechando la que quedo libre para golpear al rival en abdomen y hacerlo retroceder. — ¡Corre! —Grito a su amada, mientras le lanzaba varios disparos a Dimas, quien esquivo algunos y desvió cortando otros con su hoja. —No fui capaz de ver nada, que rápidos —Pensó ansiosa la dama, revisando el cinturón que llevaba bajo el yukata —Bien, ahora estaré preparada —Pensó con la respiración agitada, los ruidos de la lucha, eran ahogados por las explosiones en el cielo. —Puede que mi arma sea de menor calidad que la tuya, pero eso no me impedirá liberarte, por favor Tomas, no lo hagas más difícil —Pidió el albino con seriedad. —Por qué mejor no te pudres maldito loco —Contesto con enojo, lanzando más balas contra su adversario. — ¡Si no son de coltanium no sirven de nada! —Grito eufórico luchando contra su amado —Este es el momento en el que bailamos juntos mi amado gato n***o —Pensó con emoción, esquivando los impactos y acercando su estocada.       La batalla finalmente dio inicio, anticipada y caótica, sumida en el fragor del espectáculo, donde las únicas luces que le brindaban visibilidad eran la de las explosiones. Ayami corrió por todas partes intentando avisar a alguien, pero nadie la escuchaba, culpa de lo asombroso y ruidoso del acto, la desesperación se notaba en su mirada, la vida de su novio y la suya propia estaba en riesgo. El azabache no se rendía, sabía que si seguía presionando finalmente rompería la espada de su rival y con ella rota, esperaba que ya no diera más problemas, lo erradicaría sin vacilar, pero el albino no se lo estaba poniendo fácil. La maestría de ambos guerreros era indudable, sus golpes resonaban y era tanta la insistencia de las estocadas, que Tomas no tenía oportunidad de encontrar hueco para disparar. — ¿¡Era esto lo que querías!? —Reclamo con enojo Crist, con el corazón tan acelerado que sentía que explotaría. —Mi deseo era largarme y no tener que lidiar más con la compañía —Respondió esperando una vacilación, consiguiéndola con facilidad. Un leve temblor en su postura era todo lo que Hutson requería, tomo fuertemente la culata y dando un golpe certero, lastimo las manos de Dimas, quien grito de dolor, acto seguido aproximo su pistola hasta el abdomen de su enemigo y quiso vaciar un disparo, pero este le metió rápidamente un cabezazo, aturdiéndolo y fallando, al levantar su arma y continuarla vaciando noto que su enemigo no estaba. Al voltear lo vio escapando entre la multitud. — ¡Va por Ayami! —Recordó con preocupación, corriendo por el lugar ansioso. Cada rincón fue finamente estudiado por sus ojos, buscando el más mínimo rastro de la asiática o la caballera blanca de su enemigo y condenando su estupidez de dejarlo escapar, culpa de su debilidad y la obvia falta de balas más contundentes. Su mente empieza a jugarle malas pasadas, imaginando a la bella dama en un charco de su propia sangre ante cada paso que da lucha por borrar esa ilusión, pero se acrecienta y junta con la del recuerdo de sus padres, haciéndolo gritar de la rabia.     (…) Al otro lado de la bahía —Así que aquí estas —Llamo Crist al ver a unos niños rodeando a la muchacha, quien se había caído por andar corriendo con el vestido largo. —Mierda… ¡Chicos lárguense! —Grito a los pequeños para que estos se fueran. — ¿Usted quiere lastimarla? —Pregunto el infante, viendo como el criminal desenfundaba su katana. —No le he perdido la pista ni un momento señorita, su estúpido altruismo de no poner en peligro a las personas e irte por zonas desprotegidas ahora será la causante de tu muerte —Regaño acercándose a paso lento, disfrutando de cada instante. — ¡Déjela en paz! —Grito una inocente niñita. —Muy bien críos… Cielos, los niños son tan débiles y patéticos —Dimas levanto la hoja y corrió directamente contra ellos, ni siquiera entenderían lo que estaba a punto de ocurrir. Gracias al cielo o condenado por él, Ayami se levantó y los aparto de un empujón, para luego sacar su revólver y dar un disparo al aire, causando que los jóvenes salieran despavoridos. Antes de que se diera cuenta, su vestido había sido cortado y su abdomen comenzaba a sangrar, la estocada que le dio el enemigo fue poco profunda, pero bastante fea. —Te dejare irreconocible, para que Tomas no pueda compadecerse de tu cadáver maldita bruja —Ofendió nuevamente hiendo contra ella. Dos disparos fueron lanzados con suma precisión, ambos cortados magistralmente por la espada de su perseguidor, su vestido blanco se teñía lentamente de rojo, su agitada respiración la hacía trastabillar, su muerte parecía inminente, no obstante, estaba lejos de darse por vencida. La joven dio un vistazo rápido a las estructuras que la rodeaban y contemplando esquinas perfectamente alineadas trazo un ultimo plan.   Vaciando su cargador completo en esos puntos aparentemente aleatorios, Crist se colocó en posición defensiva, riendo al notar que ninguna dio en el blanco, achaco esto a los nervios de su presa, la realidad distaba mucho de esto, inmediatamente la mujer se lanzó al suelo al ver como los impactos se regresaban hacia ellos, el albino esquivo la mayoría, salvo uno que se introdujo directamente en su pierna, haciéndolo gritar de dolor. — ¡Condenada perra! —Exclamo agachándose. — ¡Bien! —Celebro mentalmente, lista para salir corriendo.     — ¡Eso no bastara para irte! —Con un último estruendo de poder, Dimas ignoro el dolor y cargo contra ella. Desgraciadamente este ataque no pudo ser conseguido pues Tomas apareció y le dio un fuertísimo golpe con la culata del arma a su sable, el cual aguanto brevemente hasta romperse por la presión y dureza del material de Hutson, causándole una tremenda contusión en la cabeza. Mandándolo varios metros para atrás, sin perder ni un momento más, vacío las últimas balas que le quedaban, esta vez con absoluta precisión sobre su objetivo, desgraciadamente estas fueron detenidas. Un extraño sujeto se presentó detrás del albino, era de estatura baja, su cuerpo yacía cubierto de extraños vendajes con runas a su alrededor y una especie de enjambre de insectos lo rodeaba, mismo que fue usado para desviar los impactos de los disparos, cuando quiso alzar la mano para proyectar a sus bichos sobre ellos, Crist lo detuvo. — ¡No Sahirt! —Ordeno con la respiración agitada. — ¿Por qué me detienes? Es claro que no se unirá a nosotros —Debatió el extraño sujeto. —Lo hará, todavía tiene una oportunidad —Declaro el albino con su frente sangrante —Naciones Unidas… Daremos un mensaje al mundo allí, espero verte pronto gato n***o y ten cuidado con Tantalus, ellos fueron quienes me mandaron por ti —Aseguro con una sonrisa sádica —Y si no vienes… Mandare alguien por ti —Sonrió con emoción. — ¡Ve esto loco! —Exclamo Ayami disparando continuamente a las figuras. Lastimosamente estas se rodearon de un vendaval de todo tipo de alimañas voladoras, hasta que simplemente desaparecieron entre ellas, el festival y la batalla llegaron a su fin. Hutson no pudo hacer nada más que explicarse ante su novia, recalcar que él nunca hizo nada para potenciar la obsesión de su compañero. Era momento de volver a casa, relajarse y analizar todo lo ocurrido, parece que la necesidad de huir se convirtió en algo imperioso. 
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