Beta Luna Dejé descansar mi cuerpo durante una semana, estaba decidida a que no me quedaría en este lugar. Omega Margarita seguía a mi cuidado, me traía comidas saludables y me ayudaba a mantener mi higiene y necesidades biológicas, nunca pensé que un error tan tonto como enamorarme del hombre equivocado significaría perder la poca dignidad que me quedaba. La personalidad de mi padre había cambiado de frío y distante, a sobreprotector, se lo notaba demasiado conforme con mi situación. Eso me hacia hervir la sangre, que pensaba que ahora que me encontraba como un despojo humano postrada en una cama, sin loba y sin poder huir. Pero ya no soy la niña pequeña tratando de conseguir migajas de amor; recordé las charlas con ese chico sin papilas gustativas que me dijo – esto va a sonar trillado

