Desperté con mi reloj biológico, abriendo lentamente mis ojos, y escuchando el sonido suave de las olas golpear contra la orilla, y el sonido de las gaviotas que merodeaban por la costa. Ayer había llegado con Jeremy a las islas colombianas de San Andrés y Providencia. Para mi había sido una total sorpresa la venida a estas islas, ya que Jeremy solo me levantó y me dijo que alistara las maletas, que teníamos un vuelo que tomar. Ni siquiera en el aeropuerto supe a dónde íbamos, ya que Jeremy contrató un vuelo privado. Solo hasta que llegamos a la isla fue que supe. Y esta, sin duda alguna, es una isla muy hermosa. Con una mar de 7 colores que deja en pañales a Bora Bora. Me quise estirar para desperezarme, pero un peso sobre mi pierna no me dejó. Levanté las sabanas y vi la cabeza mor

