Capítulo 10 Micah había estado encadenado a aquella pared durante lo que parecieron días enteros. Había perdido la noción del tiempo porque casi siempre había estado inconsciente. Tenía tantas heridas en el cuerpo que estas empezaron a solaparse. Estaba furioso y cansado de sentir el sabor de la sangre en su boca. Al oír a los guardias que venían, mantuvo los ojos cerrados fingiendo estar desmayado después de la última sesión de tortura. Dos guardias entraron en su celda y a duras penas abrió un ojo para ver a uno de ellos sosteniendo un teléfono móvil. El hombre levantó el teléfono y Micah se dio cuenta de que le iban a hacer una foto. Pudo ver que Anthony estaba al otro lado de la habitación con su última presa y nadie sabía lo que le estaba haciendo. Si los gritos servían como pista,

