Llegó la hora

1123 Words

La mansión Costello se había convertido en un santuario blindado donde el tiempo parecía transcurrir a un ritmo diferente al del resto del mundo sangriento de Luciano. Luciano, por primera vez en semanas, no llevaba su arma, ni el teléfono pegado a la oreja. Estaba sentado en un gran sofá de cuero, con Aurora recostada entre sus piernas, su espalda contra el pecho de él. Luciano sostenía un libro de poemas que Aurora le había pedido leer, aunque sus ojos no estaban en las letras, si no que estaba en el perfil de su esposa. Ella estaba en la etapa final de su embarazo, a escasos días de dar a luz, y para Luciano, Aurora nunca había sido tan hermosa. Había una madurez nueva en su rostro, una serenidad que contrastaba con la niña asustada que había conocido meses atrás. —¿En qué piensas? —

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