Aurora tapó su rostro completamente aterrada. Su corazón latía con gran rapidez. Luciano puso una de sus manos sobre las manos de ella intentando calmarla. A él no le gustaba para nada que alguien intentará pasarse de listo con él o con los suyos. —¿Qué sucede… acaso me ven riendo? Y ya debe bajar ya mismo o los mato a todos. El cuerpo de Aurora comenzó a temblar. Luciano la observó de reojo, sentía una punzada en su pecho verla así de mal. Él la sujetó con fuerza evitando que por el miedo o por error ella saliera del carro y se fuera con ellos. El hombre que les apuntaba, observó la resistencia de Aurora, y ver que ella no descendía del carro simplemente lo enloqueció mucho más. —Estás perdiendo el tiempo —finalmente habló Luciano—. Ella no irá con ustedes y el carro tampoco

