TEXAS, ESTADOS UNIDOS. El olor a sexo podía olerse en cada pared de este lugar y en cada habitación mal pintada de este edificio, no había amor dentro de ellos, solo lujuria de una parte e instinto de supervivencia de otra. Pero el llanto, los gemidos, la desesperación de alguna adolescente al saber que sería entregada a manos ambiciosas de algún hombre sin escrúpulos, todo aquello estaba lejos de la oficina de la reina de este imperio de dolor y egoísmo. En su oficina Teresa tenía un gran ventanal en el cual podía observar todo el frente de su negocio, en donde un bar era la cara visible del lugar, los reflectores de colores iluminaban la oscuridad, muchos bailaban al ritmo latino. En medio del desierto aquel lugar era una especie de "Oasis" para camioneros y turistas, aunque era llam

