MARION Al siguiente día de nuestra llegada, la madre de Corey nos invitó a almorzar, por supuesto, aceptamos encantados. Pero se nos hizo un poco extraño el lugar donde nos había citado. Se trataba de una hermosa villa, con un enorme jardín, alberca y bueno… todo lo que eso conlleva. Además de que no solo se encontraban los padres de Corey, sino también se encontraba Eliza y Julián, Helen, Fernanda, Amara y mi padre. La pequeña Lorena, como siempre, me recibió con una enorme sonrisa y un fuerte abrazo. Pasamos al jardín, donde una mesa ya se encontraba lista con todo lo que íbamos a degustar. Tomamos asiento y empezamos a comer. En verdad era tan agradable tener a todos mis seres queridos, reunidos en un solo lugar. De hecho, me hallaba pensando en que esta villa era un increíble lugar

