ELIZA En cuanto ambos nos encontramos en el auto olvidamos todo lo sucedido por completo, la atmósfera se sintió totalmente diferente, se encontraba cargada de deseo y sé que, si no llegamos pronto a casa, tendremos que parar en algún lugar desolado y darle rienda suelta a nuestra sexualidad. —Eliza —, Mario, me saco de mis sucios pensamientos— ¿estas seguras de querer casarte conmigo? —fruncí el ceño al no tener idea de porque me hacía esa pregunta ahora— si no quieres hacerlo, yo de verdad… —Mario, no sigas, no sé la razón de tu cuestionamiento ni porque piensas que no me encuentro segura, pero de algo no puedes dudar y es de los sentimientos que tengo por ti, ¿de acuerdo?, no vuelvas a preguntar algo así, porque te juro que no vuelves a verme en tu vida. —No te enojes Eliza, por fav

