—Es asombroso, no puedo creer que esto esté sucediendo, me gusta todo aquí —la voz de un niño inundó mis oídos. No era una voz que pudiera reconocer, me acerqué de a poco a la puerta de mi casa y abrí la puerta. Un pequeño niño estaba ahí, bueno, no era tan chico. Parecía tener unos quince años, su cuerpo era delgado y mi madre lo veía con admiración. —¿Qué es esto? —pregunté cuando recuperé mi voz, ella se acercó a mí sonriente e hizo unas señas con las manos para que me acercará. Decidí negar con la cabeza y quedarme en mi lugar, no era el momento para eso. Todavía espero una respuesta de su parte. No me faltan ganas de gritarle a mi madre y pedirle que me expliqué de una vez por todas que es lo que está pasando. —Me alegro que llegues querida, te presento a Cristopher. —Un gustó

