Cora Stace. El Sr. Gibson me había despedido, estaba atónita, no estaba escuchando con claridad cuáles eran sus excusas para despedirme. Se que lo que está saliendo por su boca son artimañas, mi trabajo es impecable, nadie se ha quejado de mis servicios, todo lo contrario. La mayoría de los clientes me agradecen de mi buen servicio y me dicen que quieren que trabaje para ellos. No todos lo hacen, pero algunos sí y eso me hacía sentir alagada. —Lo siento Señorita Cora, debe recoger sus cosas y marcharse. —Lo entiendo —contesté aún sin créemelo—. Gracias por todo Sr. Gibson, fue un placer trabajar para usted. Mire a Julian por el rabillo del ojo y me sonrió triste, no esperaba que me despidieran, se que el no lo esperaba, yo mucho menos. Me sujetó por el brazo y besó mi mejilla antes

