Cora Stace. Abott bajo las escaleras con las mejillas infladas, estaba de la mano con Harrison y lo vi pasar. No me detuve para preguntarle qué había pasado, supuse que Floyd había hecho de las suyas otra vez. Entendía que Abott podía irritarse con facilidad, yo también lo haría si el chico con el que debo dormir le gusta ser un frío impertinente. Llegamos a la habitación que será nuestra y veo el gran ventanal que nos da vista al césped lleno de luces que está abajo, todo desde aquí se ve increíble, me gustan los matices y los colores que se forman. Siento que Harrison cierra la puerta con seguro y se sienta en la cama. —Ven aquí. El está sentado con una leve sonrisa en su rostro y una inmersa erección en sus pantalones, lamo mis labios y siento una intensa necesidad de arrancar

