Mi pecho palpita; si palpita, como cuando siento que mi corazón está a punto de estallar. Mi mandíbula permanece evidente y mis ojos están totalmente empapados. Jamás Adam me había hablado con tanto dinamismo y fueron; fueron esas dos palabras las que me hicieron entender que todo este tiempo Adam estuvo amándome, pero siempre amándome en silencio. Apreciaba como mi cuerpo se desboronaba en migas y que mi frente chorreaba sudor. Aunque todo ocurrió en una menudencia, yo creí que había sido una eternidad. Los ojos de Adam se tornaron más claros y su pecho palpitaba al igual que el mío. —Tengo que irme— dice flaqueando. Veía como la presión lo afectaba y el miedo lo consumía. Cogió su chaqueta y se marcho de un tirón por la puerta principal. Una pequeña melena rubia se asoma desde la cocin

