Capítulo 18

4760 Words
Me detallaba en el espejo colgado junto a la ventana, moviéndome de un lado a otro y agitando las ondas de mi melena. De reojo podía prestarles atención a las comisuras del edificio vecino. La ventana de Adam que por dicha estaba a la vanguardia de la mía, irradiaba el pequeño destello de un foco y aquel chico castaño se encasilló frente al marco, mirando hacia un espacio de la habitación; se removió la camiseta y luego se trasladó hasta la ventana apoyándose de ella. En dos zancadas me escondí tras el cortinaje, innegablemente me había ojeado espiándole. Al oír la corredura de sus cortinas, me asome con cautela, ya podía irme sin mácula, el ya no estaba allí. Adam tiene ojos acuarela, una corporación bien recalcada y una melena castaña. Me gusta su temple, pero eso ya ha dejado de importar, ya ni siquiera me recuerda o al menos no intenta hacerlo. La última vez que nos vimos fue mucho antes del divorcio, Adam tenía esta reputación del chico despreocupado e imperturbable que, sin lugar a duda, me agradaba. Pero, supongo que al pasar de los años ya no podríamos reconocernos el uno al otro. Ya habíamos madurado y las cosas de críos, se olvidan como el pensamiento.   Le arranca el labial a Sabine y lo introduce en su bolsa. —No quiero que tomes prestadas mis cosas—gruñó Romina a la vacilación de la castaña sentada junto a ella. —La última vez lo perdiste. Sus peleas son, sobre todo, por puras majaderas. Romina es una chica rubia, tiene unos bellísimos ojos que varían entre miel y verde. Sabine es una castaña de ojos azules, hermosa, más hermosa que Romina. —¿De nuevo peleando por el colorete? — Roger se sienta junto a mí en la banquilla y me envuelve el cuello con el brazo. Roger es moreno, su piel es como un chocolate claro. Somos de esa clase mejores amigos que parecen novios. Asevero lentamente con la cabeza y rodeo los ojos. — A veces me apetece ahorcarlas, pero recuerdo que son mis amigas y se me pasa— de cruda lo aparto y le palmeo el hombro. —Tu, al menos, solo tienes que tomar cartas en el asunto en las charadas de Tomás y en las mías. —Algo de razón tienes— extenúa sus profundos ojos avellanas sobre los míos. — ¿Qué te parece si me acompañas al aparcamiento y le damos privacidad a las chicas? — se levanta de la banquilla y coge la mochila readaptándola sobre su hombro. Me inclino hacia las chicas que discuten. —Nos vemos en la noche— me despido sin esperar respuesta antes de seguirle el paso a Roger. —¿Todo bien? —le mascullo al moreno que camina junto a mí. —¿Ocurre algo? Me hala hasta el aparcamiento, casi tropezando con mis propios pies. —No, en realidad quería decirte algo—Nos apoyamos de un muro, frente a frente. —No puede esperar. —Date prisa, el transporte pasara pronto por mí— Insinúo mirando los coches que se unen en la autopista. Roger desvía la mirada al poner los ojos en algo por encima de mi hombro. —Tienes que comprobarlo por ti misma— pasa la mano por su frente poniendo los ojos en blanco. — Tienes que ir a hablarle— ladea la cabeza y yo me giro para encontrarme con Adam; sentado en su motocicleta como de costumbre. —Éramos amigos, ahora solo es mi vecino— terso la frente bufando a su desatino. —A veces pienso que es mucho más para ti que solo tú — coloca una mueca ridícula y hace comillas con los dedos. — vecino. Me encojo de hombros y no le presto más atención. —No quiero seguir con el mismo tema de siempre, solo, olvídalo. Ya no volveremos a ser amigos—Roger frunce el ceño con pique y yo miro a mi alrededor en torno a mi desesteres. —Es hora de que me vaya, nos vemos esta noche en la fiesta. Me acerco para besarle la mejilla, pero retrocede—Has lo que quieras, es un gran problema vendarse de la realidad—, gira sobre sus talones y se pierde entre el alumnado. Roger no puede sobrellevar la idea de que me proponga evitar a Adam, pero es que no disfruto estar con una persona que me desdeña, mucho menos voy a ir a hablarle a alguien que ni siquiera le importe ni en lo más mínimo dirigirme una mirada. He de suponer que solo me ve como a una cara a la que puede dejar de lado a la ligera.   Cogí el trasporte y regresé al edificio con una enorme jaqueca. Me tomé una píldora y me recosté de la almohada bienoliente de mi cama. El tono del móvil me despertó, Sabine me había enviado una transcripción sobre la fiesta de esta noche; una tanda de chupis y bañadores. Me ajuste el bañador n***o bajo una camiseta y un pantalón de mezclilla. Mi padre estaba sentado en la barra de la cocina con el móvil adherido a la cien. No quise molestarle, así que no le dirigí la palabra. Tome mi bolsa y me marche con Sabine hasta el montacargas. Los chicos y Romina, aguardaban en el aparcamiento de mi edificio. —¡Muevan esos postreros, mamacitas! — bramó Tomás desde el volante. —El auto de su rey espera a estas hermosísimas plebeyas. Tomás es comúnmente un chico alocado. Su sonrisa es un centelleo y tiene una melena ceniza que combina a la perfección con sus ojos. Es el capitán del equipo de básquet y también, el más apuesto del anuario. — ¿Y Adam? — musito Romina mientras me acomodaba en el asiento adyacente a ella. —No lo sé — respondí. —No entiendo porque todos me preguntan por él. Me da igual, ahora, ni siquiera somos amigos. Solo es el vecino de la ventana del frente —declare con un tono más arrojado, tanto que todos en el auto consiguieron oír. Roger se voltea desde el asiento delantero. —Hablas tanto de él que no me sorprendería que te gustase — reprocha. —Ese no es tu problema. Si me gusta o no, es mi asunto. Mejor preocúpate en buscar a una chica que a le que gusten tus sermones— impuse antes de detenernos en la entrada de la casa de Aarón. —Es mejor que le eches un candado a tus labios sino quieres perder a otro amigo —baje del auto y lance la puerta. En la entrada nos esperaba una mesa colmada de chupis y una tragantona. Tome un trago y me lo pase hasta el fondo; era fuerte. Rodeamos el domicilio y caminamos hasta el jardín t*****o. La alberca estaba aglomerada de chicas en topless y flotadores. Me moldeé sobre la barra de la cocina y me serví algunos tragos de una botella a medio tomar. Cerré los ojos perdiéndome en la sonata de la música. Al abrirlos nuevamente, acerté mi vista en el pasillo. Un rostro peculiar cruza ante mis ojos; Adam viene directo a la cocina. Se me erizaba la piel y rodeaba los bordes de la copa con el dedo. Al dirigirse hacia mí, no me pierde de vista, sus ojos están sobre mí y los míos sobre él. —¿Vas a terminar de tomarte eso? — dice con voz varonil y seca mientras señala la botella. —En realidad, creo que no — tomo el botellón y se lo planto justo frente a él. —tómala, te servirá más a ti que a mí — nuestras manos se rozan suavemente hasta que él consigue pescar la botella. —Claro — se gira, camina fuera de la cocina y un choca los puños con una chica rubia a la que se ha topado. —Espera un momento— le dice mientras camina nuevamente hacia mí, pero esta vez más espacioso. —Si quieres, puedes venir más tarde a la terraza con nosotros— agita la botella. —hoy estaremos brindando— me giña el ojo y se va sin esperar mi respuesta. Caigo sobre mis pies al bajar de la barra y premedito subir las escaleras para guiarme hasta la terraza, pero justo antes de poner un pie en el escalón, Aarón me acorrala el torso y me roba un beso en el pómulo. — Me encantaría verte en bañador — dice con esa voz grave que hace que un estreñimiento recorra mi columna. —Pero también me gustaría verte sin el—insinúa manoseando mis flancos.                             Una sonrisa se talla en mis labios. —Me has tomado de sorpresa— giro sobre mis talones y le rodeo el cuello con mis brazos. —Hay que buscar algo de privacidad — digo mirando a las personas meneándose a nuestro alrededor. Aarón es un chico de la estatal con el que salgo desde hace un tiempo. Es tan pelirrojo como yo, así que no falto que nos conociéramos en aquel festival de rock; me invito una cerveza, bailamos, charlamos un poco y de allí conectamos. Por su gallardía, conocí a muchas personas de las facultades de la ciudad. Nos escabullimos en uno de los dormitorios. Estaba tan delirante y enardecida que mis piernas palpitaban. Me retire la vestimenta garrafal permaneciendo sin otra cosa más que con el bañador de una pieza. El pelirrojo me miraba de pies a cabeza y se carcomía los labios. —Prueba esto— sugirió cogiendo el éxtasis del bolsillo de sus jeans y plantándomela en la lengua. —Esto va a ser que las cosas se aposten aún más estimulantes. Ingiero el n*******o como me lo ha indicado Aarón. —Nunca había tomado esto antes — tiento mi cuello. —No estoy segura de que haya sido buena idea. — Tranquila, estás conmigo, no pasara nada que tu no quieras — se retira la chamarra con brusquedad, me aferra de la espalda alta y comienza a besarme el cuello. —Siempre hay una primera vez— añade entre su aliento urgido. Primeramente, se escuchan unos golpeteos, Aaron se aleja un poco de mi para escuchar y luego la puerta del dormitorio se abre de un atropello. — Aarón, — repone le aliento. —Por fin te encuentro, llevo como una hora buscándote. Raudamente me cubre con un paño, se aparta de mí y camina hasta el chico junto a la puerta. —¿Qué sucede? —me mira de reojo y vuelve a mirar a su amigo. –Es un mal momento. —La policía está la entrada. Richard los ha estado distrayendo. Deberías ir de inmediato o la fiesta se acaba —impacienta. Mira dentro de la habitación y se sonroja al verme semidesnuda. —Oh, no sabía que estabas con alguien — dice llevando su mirada hasta sus pies. —Está bien, dame un minuto— entrecierra la puerta y se voltea para dar aviso. —No me tardo, espérame aquí y cuando vuelva, continuamos. Asenté con la cabeza, Aarón se encasilló una chamarra y salió sumamente apresurado del dormitorio.   Lo esperé sentada por unos minutos, pero en vista de que no regresaba, me fui a ver lo que ocurría. Olvidaba todo lo de la terraza y lo de la habitación. Mi percepción comenzaba a trillarse y me sentía con mucha adrenalina. No me sentía estándar, no podía dominarlo, solo corrí hasta la alberca y me zambullí en el agua. Las burbujas transitaban ante mis ojos y podría ver a las personas flotando junto a mí. Todos nos movíamos agitando el agua. Besos, tragos, folle, nudes y juventud en una sola área. Todo se meneaba en cámara lenta, como en una película. Todos mis amigos me rodeaban y los desconocidos no faltaban. Sali de la alberca algo congelada, me coloque una toalla sobre los hombros recapacitando en descansar un poco, pero la música en el pasillo me atrajo hacia la pista. Me perdí entre el gentío moviendo las caderas de un lado a otro; agitando los brazos y siguiendo el ritmo de esa electrónica. Las luces se debilitaron, tanto que difícilmente podíamos reconocer nuestros rostros. Un chico se me aproximo en la pista; me tomó de las caderas y yo le seguía los pasos en simetría. No sé cómo sucedió, ni de qué manera, pero comencé a besarme con aquel extraño. La efervescencia emanaba en el lugar; el folle y la sensualidad me atrajeron hasta un dormitorio con aquel sujeto. El me deslizó el bañador por los hombros mientras yo le quitaba las mudas. Los besos eran potentes y placenteros. Oí como estiraba la goma y la colocaba. La música estaba tan alta que mis gemidos no podrían ser escuchados. Se sentía tan bien tocar todo su cuerpo y el intentaba igualar mis oscilaciones.   Termine recostada en el alfombrado del dormitorio. Con ambos brazos torcidos y el rostro contra el piso. — ¿Christine? — pregunta una voz al unísono. —Despierta, tenemos que irnos —me palmea la cien. Sabine me aferro de los antebrazos para levantarme y me ayudo a vestirme. Tome una de las chamarras de Aarón para envolverme y caminamos hasta el coche de Tomás. Transitábamos por la autopista. Romina dormía en el asiento junto a mí y Roger en el asiento delantero. Tomás bostezaba mientras conducía y Sabine estaba empapada con el agua de la alberca. Una punzada molestaba en ambos lados de mi frente. Mi aliento no era agradable y empezaba a dolerme la cabeza. —¿Qué fue lo que me ocurrió? —le refunfuñe a Sabine. —No lo sé. Creí que estarías con Aarón — articula. —No podíamos irnos sin ti. Buena dicha que fui por tu t*****o. —No recuerdo haber estado con él— me rozo los hombros para calentarme. — Solo recuerdo que estaba bailando en la pista con un sujeto y luego... follamos. No sé si en realidad ocurrió, la droga estaba en pila. Me adecenta los hombros.  —Relájate, desde luego que fue con Aarón— inmuto. El coche se detuvo en el estacionamiento de mi edificio. —No fue con él, estoy segura— reincidí mientras bajaba del vehículo. Había olvidado por completo que tenía que encontrar a Adam en la terraza del domicilio, y también que tenía un asunto pendiente con Aaron. Aun pienso que esta noche podría haber ocurrido algo diferente si solo hubiera sido incapaz de tomar aquella cosa. Ingrese al baño para darme una ducha caliente. Al restregar la pastilla por mi figura, recordé como ese sujeto acariciaba mi cuerpo. Al masajear mi cabellera con el gel de baño, recordé como empalmaba mi melena. Fue la mañana de domingo más apocalíptica. Me dolía hasta el último hueso del cuerpo. —Espero que no se vuelva a repetir lo de anoche, estabas bien borracha—dice la nana Pía mientras cuela los espaguetis. Pía es una anciana de más o menos setenta y seis años. Adorna su cuello con perlas y siempre usa atuendos con lunares. Era mi nana cuando yo era una cría y ahora no tiene más familia que nosotros desde que su esposo Raimundo murió. —¿Cómo sabes que estaba borracha? — coloco una tajada de panqueque en mi boca. —entre al departamento y después me fui a dormir sin hacer ruido. —¿En serio? —dice burlona. —¿Quién crees que te recogió anoche de la puerta principal? Carraspeo y tomo un poco de malteada para digerir bien la porción. —No entiendo, en realidad, no recuerdo mucho de lo que ocurrió. —Solo es una advertencia, es mejor que te comportes bien si quieres que le cuente cosas buenas de ti al señor Kavanaugh. —Bien— rezongo. —Pero no le cuentes nada a mi padre. Me sentía como si todos sabían lo que había sucedido conmigo esa noche, mirándome con incomodidad y extorsión. Camine rápidamente hasta el salón de clases, tomaba bocanadas de aire y repasaba mis dedos en una hoja de papel; intentando quitarme esa imagen de la mente. Acomodo mis libros sobre la mesilla y mi lápiz cae al suelo al dar una ojeada al chico sentado junto a mí. —¿Estas bien? — pregunta Roger. Me estiro para conseguir el lápiz y me reacomodo en el asiento. —Si, por supuesto— timo. — Siento lo que sucedió el sábado, me preocupe, no respondías a mis mensajes de texto y tú eres muy importante para mí — hace una breve pausa y sus pupilas se dilatan. —Se supone que no debía dejarte. Lo que sucedió esa noche no debió haber sucedido, pero paso y me siento la peor persona del mundo. No debí haberte... Dirijo mi vista hacia él arqueando ambas cejas. —¿De qué me estás hablando? — lo miro con malos ojos al adivinar —No-no puede ser— suelto un quejido y mi corazón bombea rápido, como si fuera a salirse de mi cuerpo. —Por favor, solo déjame terminar de decirte. —¡No! — me levanto como un resorte del asiento. —no quiero oírte más— mis ojos se ponen vidriosos y se me atosiga la embocadura de la rabia. Él se levanta e intenta tocarme Me detallaba en el espejo colgado junto a la ventana, moviéndome de un lado a otro y agitando las ondas de mi melena. De reojo podía prestarles atención a las comisuras del edificio vecino. La ventana de Adam que por dicha estaba a la vanguardia de la mía, irradiaba el pequeño destello de un foco y aquel chico castaño se encasilló frente al marco, mirando hacia un espacio de la habitación; se removió la camiseta y luego se trasladó hasta la ventana apoyándose de ella. En dos zancadas me escondí tras el cortinaje, innegablemente me había ojeado espiándole. Al oír la corredura de sus cortinas, me asome con cautela, ya podía irme sin mácula, el ya no estaba allí. Adam tiene ojos acuarela, una corporación bien recalcada y una melena castaña. Me gusta su temple, pero eso ya ha dejado de importar, ya ni siquiera me recuerda o al menos no intenta hacerlo. La última vez que nos vimos fue mucho antes del divorcio, Adam tenía esta reputación del chico despreocupado e imperturbable que, sin lugar a duda, me agradaba. Pero, supongo que al pasar de los años ya no podríamos reconocernos el uno al otro. Ya habíamos madurado y las cosas de críos, se olvidan como el pensamiento.   Le arranca el labial a Sabine y lo introduce en su bolsa. —No quiero que tomes prestadas mis cosas—gruñó Romina a la vacilación de la castaña sentada junto a ella. —La última vez lo perdiste. Sus peleas son, sobre todo, por puras majaderas. Romina es una chica rubia, tiene unos bellísimos ojos que varían entre miel y verde. Sabine es una castaña de ojos azules, hermosa, más hermosa que Romina. —¿De nuevo peleando por el colorete? — Roger se sienta junto a mí en la banquilla y me envuelve el cuello con el brazo. Roger es moreno, su piel es como un chocolate claro. Somos de esa clase mejores amigos que parecen novios. Asevero lentamente con la cabeza y rodeo los ojos. — A veces me apetece ahorcarlas, pero recuerdo que son mis amigas y se me pasa— de cruda lo aparto y le palmeo el hombro. —Tu, al menos, solo tienes que tomar cartas en el asunto en las charadas de Tomás y en las mías. —Algo de razón tienes— extenúa sus profundos ojos avellanas sobre los míos. — ¿Qué te parece si me acompañas al aparcamiento y le damos privacidad a las chicas? — se levanta de la banquilla y coge la mochila readaptándola sobre su hombro. Me inclino hacia las chicas que discuten. —Nos vemos en la noche— me despido sin esperar respuesta antes de seguirle el paso a Roger. —¿Todo bien? —le mascullo al moreno que camina junto a mí. —¿Ocurre algo? Me hala hasta el aparcamiento, casi tropezando con mis propios pies. —No, en realidad quería decirte algo—Nos apoyamos de un muro, frente a frente. —No puede esperar. —Date prisa, el transporte pasara pronto por mí— Insinúo mirando los coches que se unen en la autopista. Roger desvía la mirada al poner los ojos en algo por encima de mi hombro. —Tienes que comprobarlo por ti misma— pasa la mano por su frente poniendo los ojos en blanco. — Tienes que ir a hablarle— ladea la cabeza y yo me giro para encontrarme con Adam; sentado en su motocicleta como de costumbre. —Éramos amigos, ahora solo es mi vecino— terso la frente bufando a su desatino. —A veces pienso que es mucho más para ti que solo tú — coloca una mueca ridícula y hace comillas con los dedos. — vecino. Me encojo de hombros y no le presto más atención. —No quiero seguir con el mismo tema de siempre, solo, olvídalo. Ya no volveremos a ser amigos—Roger frunce el ceño con pique y yo miro a mi alrededor en torno a mi desesteres. —Es hora de que me vaya, nos vemos esta noche en la fiesta. Me acerco para besarle la mejilla, pero retrocede—Has lo que quieras, es un gran problema vendarse de la realidad—, gira sobre sus talones y se pierde entre el alumnado. Roger no puede sobrellevar la idea de que me proponga evitar a Adam, pero es que no disfruto estar con una persona que me desdeña, mucho menos voy a ir a hablarle a alguien que ni siquiera le importe ni en lo más mínimo dirigirme una mirada. He de suponer que solo me ve como a una cara a la que puede dejar de lado a la ligera.   Cogí el trasporte y regresé al edificio con una enorme jaqueca. Me tomé una píldora y me recosté de la almohada bienoliente de mi cama. El tono del móvil me despertó, Sabine me había enviado una transcripción sobre la fiesta de esta noche; una tanda de chupis y bañadores. Me ajuste el bañador n***o bajo una camiseta y un pantalón de mezclilla. Mi padre estaba sentado en la barra de la cocina con el móvil adherido a la cien. No quise molestarle, así que no le dirigí la palabra. Tome mi bolsa y me marche con Sabine hasta el montacargas. Los chicos y Romina, aguardaban en el aparcamiento de mi edificio. —¡Muevan esos postreros, mamacitas! — bramó Tomás desde el volante. —El auto de su rey espera a estas hermosísimas plebeyas. Tomás es comúnmente un chico alocado. Su sonrisa es un centelleo y tiene una melena ceniza que combina a la perfección con sus ojos. Es el capitán del equipo de básquet y también, el más apuesto del anuario. — ¿Y Adam? — musito Romina mientras me acomodaba en el asiento adyacente a ella. —No lo sé — respondí. —No entiendo porque todos me preguntan por él. Me da igual, ahora, ni siquiera somos amigos. Solo es el vecino de la ventana del frente —declare con un tono más arrojado, tanto que todos en el auto consiguieron oír. Roger se voltea desde el asiento delantero. —Hablas tanto de él que no me sorprendería que te gustase — reprocha. —Ese no es tu problema. Si me gusta o no, es mi asunto. Mejor preocúpate en buscar a una chica que a le que gusten tus sermones— impuse antes de detenernos en la entrada de la casa de Aarón. —Es mejor que le eches un candado a tus labios sino quieres perder a otro amigo —baje del auto y lance la puerta. En la entrada nos esperaba una mesa colmada de chupis y una tragantona. Tome un trago y me lo pase hasta el fondo; era fuerte. Rodeamos el domicilio y caminamos hasta el jardín t*****o. La alberca estaba aglomerada de chicas en topless y flotadores. Me moldeé sobre la barra de la cocina y me serví algunos tragos de una botella a medio tomar. Cerré los ojos perdiéndome en la sonata de la música. Al abrirlos nuevamente, acerté mi vista en el pasillo. Un rostro peculiar cruza ante mis ojos; Adam viene directo a la cocina. Se me erizaba la piel y rodeaba los bordes de la copa con el dedo. Al dirigirse hacia mí, no me pierde de vista, sus ojos están sobre mí y los míos sobre él. —¿Vas a terminar de tomarte eso? — dice con voz varonil y seca mientras señala la botella. —En realidad, creo que no — tomo el botellón y se lo planto justo frente a él. —tómala, te servirá más a ti que a mí — nuestras manos se rozan suavemente hasta que él consigue pescar la botella. —Claro — se gira, camina fuera de la cocina y un choca los puños con una chica rubia a la que se ha topado. —Espera un momento— le dice mientras camina nuevamente hacia mí, pero esta vez más espacioso. —Si quieres, puedes venir más tarde a la terraza con nosotros— agita la botella. —hoy estaremos brindando— me giña el ojo y se va sin esperar mi respuesta. Caigo sobre mis pies al bajar de la barra y premedito subir las escaleras para guiarme hasta la terraza, pero justo antes de poner un pie en el escalón, Aarón me acorrala el torso y me roba un beso en el pómulo. — Me encantaría verte en bañador — dice con esa voz grave que hace que un estreñimiento recorra mi columna. —Pero también me gustaría verte sin el—insinúa manoseando mis flancos.                             Una sonrisa se talla en mis labios. —Me has tomado de sorpresa— giro sobre mis talones y le rodeo el cuello con mis brazos. —Hay que buscar algo de privacidad — digo mirando a las personas meneándose a nuestro alrededor. Aarón es un chico de la estatal con el que salgo desde hace un tiempo. Es tan pelirrojo como yo, así que no falto que nos conociéramos en aquel festival de rock; me invito una cerveza, bailamos, charlamos un poco y de allí conectamos. Por su gallardía, conocí a muchas personas de las facultades de la ciudad. Nos escabullimos en uno de los dormitorios. Estaba tan delirante y enardecida que mis piernas palpitaban. Me retire la vestimenta garrafal permaneciendo sin otra cosa más que con el bañador de una pieza. El pelirrojo me miraba de pies a cabeza y se carcomía los labios. —Prueba esto— sugirió cogiendo el éxtasis del bolsillo de sus jeans y plantándomela en la lengua. —Esto va a ser que las cosas se aposten aún más estimulantes. Ingiero el n*******o como me lo ha indicado Aarón. —Nunca había tomado esto antes — tiento mi cuello. —No estoy segura de que haya sido buena idea. — Tranquila, estás conmigo, no pasara nada que tu no quieras — se retira la chamarra con brusquedad, me aferra de la espalda alta y comienza a besarme el cuello. —Siempre hay una primera vez— añade entre su aliento urgido. Primeramente, se escuchan unos golpeteos, Aaron se aleja un poco de mi para escuchar y luego la puerta del dormitorio se abre de un atropello. — Aarón, — repone le aliento. —Por fin te encuentro, llevo como una hora buscándote. Raudamente me cubre con un paño, se aparta de mí y camina hasta el chico junto a la puerta. —¿Qué sucede? —me mira de reojo y vuelve a mirar a su amigo. –Es un mal momento. —La policía está la entrada. Richard los ha estado distrayendo. Deberías ir de inmediato o la fiesta se acaba —impacienta. Mira dentro de la habitación y se sonroja al verme semidesnuda. —Oh, no sabía que estabas con alguien — dice llevando su mirada hasta sus pies. —Está bien, dame un minuto— entrecierra la puerta y se voltea para dar aviso. —No me tardo, espérame aquí y cuando vuelva, continuamos. Asenté con la cabeza, Aarón se encasilló una chamarra y salió sumamente apresurado del dormitorio.    
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