Capítulo 15

4394 Words
Formamos parte del gentío en la pista; bailando y sacudiéndonos en cada tonada. Me divertía con las chicas. Rodaban sus melenas y sacudían el sudor de su cuerpo. Nos sentíamos como si fuera nuestra primera vez en una fiesta; débiles al trago y seguras de nuestro escándalo. Aarón apareció y se incluyó en la pista con nosotras. Nos acercamos a tornapunta y nos movíamos con erotismo. Nos meneábamos vacilantes con la salsa y la potencia de nuestros pasos nos calentaban aún más rápido. Las oscilaciones de Aarón son cada vez más lentas hasta que permanece inmóvil y acerca los labios hasta mi oído. —¿Quieres ir al sofá? — consigo escuchar pocamente entre el bullicio de la música que retruena en mi audición. Yo cedo sin ninguna imponencia y le sigo el paso hasta el sofá junto a la escalera de la antesala. Nos acomodamos, lado a lado, detallándonos los labios y acercándonos poco a poco. No tenía ganas, pero algo me impulso, creí ver otro rostro en esa cara. Al roce de nuestros labios, el me besa sin ningún aviso; atrapando mis labios en los suyos. Estábamos tan exasperados que casi nos comíamos a besos. Ceso de sentir sus dóciles labios cuando el pelirrojo se priva y se levanta del sillón. —¿Quieres ir a una habitación? — se limpia la humedad de la frente y su jadeo está más acelerado. Recuesto mi cabeza del sillón antes de levantarme y por alguna razón, mi vista permanece en la escalera cuando observo a aquel castaño subir por ellas. —No, no quiero— digo poniendo de pie. Sin precipitarme, arrimo al pelirrojo y sigo los pasos trazados por Adam. Sabía que era lo que quería y con quien lo quería. Ni siquiera lo mire a los ojos. Al llegar a la segunda planta, busco con la percepción a Adam. Camino por el pasillo donde cuelgan finas pinturas y una habitación esta entreabierta; aferro la perilla e irrumpo salida de tono. Mi corazón se ataja al echarle la vista encima a las personas en la habitación; el castaño está de pie, besándose con una chica a la que a duras penas puedo distinguirle el porte. Instigados e incitados. Gozando y matando el hambre con sus corporaciones.   —Adam— fue lo único que mi boca subrayo.  Abrigo mi boca con ambas manos, mis ojos permanecen sensitivos y abiertos como platos. Ella de espaldas y el sujetando su cintura. Mientras besa a la chica hermosa, Adam abre los parpados y recorre el dormitorio hasta que sus ojos se detienen en los míos. Mis ojos se humedecen y su rostro instigado hace que me sintiera ella. Adam derriba a la chica sobre la cama y se remueve aquella chaqueta que compartimos, como si no significara nada. La chica se retira la camiseta dejando al aire su enorme busto, pero el castaño no me pierde de vista. Yo retrocedo, cierro la puerta y corro por el pasillo. Apoyo el espinazo de una pared y busco entender lo pretérito. No podría explicar con palabras lo que creía en ese abrir y cerrar de ojos. Quizás melancolía o talvez reconcomio y en otras circunstancias, posiblemente, un infinito vacío. Solo necesitaba salir a tomar aire y descargarme, pero antes de ejecutar algún movimiento, Aarón me descubre nuevamente. Estaciona sus manos sobre mis flancos y planta unos potentes besos en mi cuello, bajando hasta mis clavículas. Aunque siento que mi cuerpo no tiene nada de vida, aferro al pelirrojo de la chamarra mientras nos besamos y lo tuteló hasta un dormitorio adyacente a nuestros trazos. Sin pensarlo una segunda vez, nos retiramos absolutamente todo el ropaje y me recuesto de la cama. Aarón se me encima, sus ojos irradian satisfacción y empezamos a follar. Mueve mi cuerpo de arriba abajo mientras me penetra. Sus besos son fornidos y fuertes.  ¡No me importaba nada! ¡absolutamente nada! Oigo el chirrido de la puerta, inclino mi cabeza hacia un lado del colchón y me encuentro con la intensa mirada de Adam; observándome follar con Aarón. Sus ojos están más oscuros que de costumbre y unas venas se le tallan en las cienes. Nos mirábamos directamente, como si estuviera follado con él y no con Aarón. Cierro los ojos y me regocijo para simular disfrutar de nuestro acto. Escucho el traquido de la puerta al cerrarse, Adam ya se había ido, tal y como yo lo hice cuando lo vi con la otra chica.   Me pongo la ropa y abandono a Aarón mientras duerme boquiabierto en la cama. Es como que si hubiera ocurrió en una menudencia, como si hubiera sido tan breve que ya no podría recordar mucho. Tomo un taxi a casa. Me pesan los ojos y me recuesto por unos minutos en el asiento. Reviso el móvil y son las cuatro de la mañana. Entro en el departamento en cuclillas, me paso por la cocina sin hacer ni un movimiento en falso. Me sirvo un vaso de agua y me apoyo de la barra. — ¿Así comienzas el fin de semana? —bufa la nana. —Quiero una rosquilla mañana en mi cómoda si no quieres que le diga a tu padre que te escapaste con el chico de la terraza. Acomodo las cortinas de pelo que caen sobre mi frente. —¿Cómo lo sabes? Me rodea y continua hasta la cafetera. —Te vigilaba—musita inclinando una ceja mientras se sirve una taza de café. Bostezo y me traqueo los dedos de las manos. —Voy a dormir— coloco el vaso en el lavadero y marcho hasta mi habitación. Me miro de hito en hito en el espejo; mi cara se ve cadavérica y demacrada. Cojo agua del lavabo y me restregó para darle un aspecto más fresco. Camino por el dormitorio y me detengo al frente del marco de la ventana. Adam esta recostado, siente mi presencia al levantarse de la cama y también se pone de pie frente a la ventana. Nos miramos verdaderamente, mi boca se abre, pero lo impido, no quiero decirle nada. Bajo la cabeza disolviendo nuestro enlace y cierro las cortinas de un empellón.     — ¿Lo hiciste con Aarón? — duda Sabine mientras nos adaptábamos en la mesa fabricada con terracota. —Quiero saberlo. —Sí, si lo hicimos— desencadeno sin recatos. —Esperamos mucho tiempo para hacerlo — escolto con indiferencia al soplar el esmalte celeste de mis uñas. —Y... ¿cómo estuvo? — mira llanamente el iris de mis ojos, como interponiéndose en mis inclinaciones. —Vamos dímelo— impone. —Estuvo... digamos, muy bueno. Me engancha de los hombros tomándome con fuerza. — ¿Muy bueno?... ¿Solo muy bueno, Christine? — se sobresalta con los ojos vacilantes. —No sé qué es lo que esperas que diga — me suelta de su agarre y se amolda nuevamente en el asiento. —Esperaba que me dijeras que te has enamorado de Aarón— suspira hondamente recorriendo cada peca de mi rostro. —Siento como si hubiera cambiado algo en ti— encasilla una buena porción de helado en su boca sin alzar la mirada. — Como si enamorarse fuera tan fácil— reí mordiendo mis labios. —Escucha, no he cambiado, de verdad, quiero bastante a Aarón, pero me siento confundida. No fue como esperaba y tampoco me siento como creí que me sentiría después de hacer lo que hicimos. No es tan fácil estar con el —digo con un tono más arrojado. — ¿Qué vas a hacer? ¿Dejarle por Adam? Permanezco en silencio por unos segundos al remarcar sus palabras. — ¿De qué me estás hablando? — las paletas de mi nariz se abren. —No seas insulsa, Christine, lo que sucedió el fin de semana, me tortura que ni siquiera me lo quieras admitir—apoya los dedos en su cien. —Tú no sabes nada, en realidad, nadie sabe nada — digo colisionando cada oración. —Claro que si— lame la cuchara con apatía. —Todos te vieron llegar con él. Por esa razón Aarón te busco cuando desapareciste en la segunda planta, estaba seguro de que estabas con él. — ¿Eso te ha dicho? — alcanzo el vaso de helado y me tomo el caldo. —¿Porque crees que me fui? — refiero con la voz quebrada y los ojos humedecidos. —No lo sé Christine ¿Porque te fuiste? — rebusca inclinado la cabeza hacia mí.  —Porque no siento nada por Aarón, no así, no como él quisiera.  Parte hasta los bordes de su asiento y roza mi melena con suavidad. —De verdad... ¿Te gusta Adam? — reflexiona aguardando mi respuesta. Mis ojos se tornan brillosos y una lagrima emerge hacia mi mejilla. —Eso creo— remuevo algo de humedad en mi frente. — Sí, no, no lo sé, quizás— mis manos tiemblan y me aposto muy abrumada. —Intento evitarle, pero simplemente no puedo. A veces solo me asomo por la ventana para ver si el también esta hay.  —¿Y porque has follado con Aarón? —Solo quería que sintiera solo un poco; una pizca de lo que él me hizo sentir a mi— refugio mi cara entre mis brazos.     — ¿No me digas? —toma mi mano con ahogo. —No puede ser... verdad. Asiento con la cabeza y me aferro aún más fuerte de su mano. —No hizo nada, solo se largó.  Seque mis ojos, lo superaría, era más fuerte que esto.     Pagamos la cuenta y salimos de la heladería. Circulábamos por los comercios del centro comercial; veíamos los vestidos de gamuza colgados en una cristalera cuando embestimos con un pelinegro y con un moreno. —¡Chicas! —Tom camina hacia nosotras dando zancadas y nos abraza con jaleo. —Qué bueno verlas. Siento que ha pasado un año desde la última vez que nos vimos. —Nos vimos el fin de semana— le contrasta Sabine al pelinegro frente a ella. —Es un decir, solamente que tu no captas— repele adecentando su barba. — Escuchen, ya que estamos casi todos aquí, ¿Qué les parecería ir a comer al departamento de Christine? Le golpeo suavemente la mejilla e inclino la cabeza para verle desde otro ángulo. —¿Y porque a mí departamento? —Porque en tu casa no está mi madre aguafiestas y mi abuela juerguista peleando todo el día—sonríe humilde. —¿Qué dicen? ¿Vamos? —Me parece bien—dice Roger. —Hace tiempo que ya no nos juntamos todos juntos. —Falta Romina, no podemos des incluirle— completa la castaña a mi vanguardia. —Estoy de acuerdo, le llamare para que acuda —le contesta el moreno. Nos aclimatamos en el coche de Tomás, ellos hablaban sobre cualquier despropósito que se les sobreviniera y yo, solo no podía dejar de pensar en mi conversación con Sabine. Ya había pasado una semana sin saber nada de Adam, es como si hubiera desaparecido de mi vida, pero a la vez lo siento escondido tras las cortinas.   Cogí las llaves de mi bolsa y abrí la puerta principal de mi departamento dándonos paso hasta los adentros. La nana me esperaba en el sofá junto al ventanal de la sala. —¿Y este batallón? —pregunta la anciana prestando atención a la presencia de todos mis amigos. — Los he traído para que prueben tu deliciosa comida— me allego a ella y le beso la mejilla pretendiendo endulzarla. —Tengo mucha hambre nana— dice Tom sobándose el estómago. —No he comido en días — simula desmayarse derrumbándose sobre el sillón. — La nana se va a recostar—dice en tercera persona. —No pienso cocinar para tantas personas. Buena suerte cocinando, tienes suficientes manos para que te secunden —se coloca la mano en la cintura y parte caminando hasta su dormitorio tumbando ambas caderas. —¿Les parece si pedimos una pizza? — propone Roger agitando el móvil. —No, chicos— el pelinegro se levanta como un resorte del sillón. —Yo cocinare. —Olvídalo, le marcare a la pizzería. Además, no quiero intoxicarme con algo cocinado por ti— revisa el móvil y emprende a teclear. Corren algunos minutos. Romina aparece y se moldea en la barra a platicar con Sabine y conmigo. Tom y Roger platican sobre el sillón caro de la sala. Todos tenemos hambre y la pizza aun no llega. Dejo plantadas a las chicas mientras me voy a mi habitación. Busco el dinero en mi capacho para pagar la pizza, pero me detengo justo frente a mi ventana solo para observar a la de Adam. Las cortinas permanecen cerradas al igual que las puertas de la terraza. Pesco el dinero del capacho y me dirijo nuevamente hacia las chicas, pero me freno al encontrarme con Roger en el pasillo y me presa del brazo llevándome hasta el cuarto de baño. —¿Qué quieres ahora? — privo su mano de mi brazo de un empellón. —No quiero hablar contigo.  Formamos parte del gentío en la pista; bailando y sacudiéndonos en cada tonada. Me divertía con las chicas. Rodaban sus melenas y sacudían el sudor de su cuerpo. Nos sentíamos como si fuera nuestra primera vez en una fiesta; débiles al trago y seguras de nuestro escándalo. Aarón apareció y se incluyó en la pista con nosotras. Nos acercamos a tornapunta y nos movíamos con erotismo. Nos meneábamos vacilantes con la salsa y la potencia de nuestros pasos nos calentaban aún más rápido. Las oscilaciones de Aarón son cada vez más lentas hasta que permanece inmóvil y acerca los labios hasta mi oído. —¿Quieres ir al sofá? — consigo escuchar pocamente entre el bullicio de la música que retruena en mi audición. Yo cedo sin ninguna imponencia y le sigo el paso hasta el sofá junto a la escalera de la antesala. Nos acomodamos, lado a lado, detallándonos los labios y acercándonos poco a poco. No tenía ganas, pero algo me impulso, creí ver otro rostro en esa cara. Al roce de nuestros labios, el me besa sin ningún aviso; atrapando mis labios en los suyos. Estábamos tan exasperados que casi nos comíamos a besos. Ceso de sentir sus dóciles labios cuando el pelirrojo se priva y se levanta del sillón. —¿Quieres ir a una habitación? — se limpia la humedad de la frente y su jadeo está más acelerado. Recuesto mi cabeza del sillón antes de levantarme y por alguna razón, mi vista permanece en la escalera cuando observo a aquel castaño subir por ellas. —No, no quiero— digo poniendo de pie. Sin precipitarme, arrimo al pelirrojo y sigo los pasos trazados por Adam. Sabía que era lo que quería y con quien lo quería. Ni siquiera lo mire a los ojos. Al llegar a la segunda planta, busco con la percepción a Adam. Camino por el pasillo donde cuelgan finas pinturas y una habitación esta entreabierta; aferro la perilla e irrumpo salida de tono. Mi corazón se ataja al echarle la vista encima a las personas en la habitación; el castaño está de pie, besándose con una chica a la que a duras penas puedo distinguirle el porte. Instigados e incitados. Gozando y matando el hambre con sus corporaciones.   —Adam— fue lo único que mi boca subrayo.  Abrigo mi boca con ambas manos, mis ojos permanecen sensitivos y abiertos como platos. Ella de espaldas y el sujetando su cintura. Mientras besa a la chica hermosa, Adam abre los parpados y recorre el dormitorio hasta que sus ojos se detienen en los míos. Mis ojos se humedecen y su rostro instigado hace que me sintiera ella. Adam derriba a la chica sobre la cama y se remueve aquella chaqueta que compartimos, como si no significara nada. La chica se retira la camiseta dejando al aire su enorme busto, pero el castaño no me pierde de vista. Yo retrocedo, cierro la puerta y corro por el pasillo. Apoyo el espinazo de una pared y busco entender lo pretérito. No podría explicar con palabras lo que creía en ese abrir y cerrar de ojos. Quizás melancolía o talvez reconcomio y en otras circunstancias, posiblemente, un infinito vacío. Solo necesitaba salir a tomar aire y descargarme, pero antes de ejecutar algún movimiento, Aarón me descubre nuevamente. Estaciona sus manos sobre mis flancos y planta unos potentes besos en mi cuello, bajando hasta mis clavículas. Aunque siento que mi cuerpo no tiene nada de vida, aferro al pelirrojo de la chamarra mientras nos besamos y lo tuteló hasta un dormitorio adyacente a nuestros trazos. Sin pensarlo una segunda vez, nos retiramos absolutamente todo el ropaje y me recuesto de la cama. Aarón se me encima, sus ojos irradian satisfacción y empezamos a follar. Mueve mi cuerpo de arriba abajo mientras me penetra. Sus besos son fornidos y fuertes.  ¡No me importaba nada! ¡absolutamente nada! Oigo el chirrido de la puerta, inclino mi cabeza hacia un lado del colchón y me encuentro con la intensa mirada de Adam; observándome follar con Aarón. Sus ojos están más oscuros que de costumbre y unas venas se le tallan en las cienes. Nos mirábamos directamente, como si estuviera follado con él y no con Aarón. Cierro los ojos y me regocijo para simular disfrutar de nuestro acto. Escucho el traquido de la puerta al cerrarse, Adam ya se había ido, tal y como yo lo hice cuando lo vi con la otra chica.   Me pongo la ropa y abandono a Aarón mientras duerme boquiabierto en la cama. Es como que si hubiera ocurrió en una menudencia, como si hubiera sido tan breve que ya no podría recordar mucho. Tomo un taxi a casa. Me pesan los ojos y me recuesto por unos minutos en el asiento. Reviso el móvil y son las cuatro de la mañana. Entro en el departamento en cuclillas, me paso por la cocina sin hacer ni un movimiento en falso. Me sirvo un vaso de agua y me apoyo de la barra. — ¿Así comienzas el fin de semana? —bufa la nana. —Quiero una rosquilla mañana en mi cómoda si no quieres que le diga a tu padre que te escapaste con el chico de la terraza. Acomodo las cortinas de pelo que caen sobre mi frente. —¿Cómo lo sabes? Me rodea y continua hasta la cafetera. —Te vigilaba—musita inclinando una ceja mientras se sirve una taza de café. Bostezo y me traqueo los dedos de las manos. —Voy a dormir— coloco el vaso en el lavadero y marcho hasta mi habitación. Me miro de hito en hito en el espejo; mi cara se ve cadavérica y demacrada. Cojo agua del lavabo y me restregó para darle un aspecto más fresco. Camino por el dormitorio y me detengo al frente del marco de la ventana. Adam esta recostado, siente mi presencia al levantarse de la cama y también se pone de pie frente a la ventana. Nos miramos verdaderamente, mi boca se abre, pero lo impido, no quiero decirle nada. Bajo la cabeza disolviendo nuestro enlace y cierro las cortinas de un empellón.     — ¿Lo hiciste con Aarón? — duda Sabine mientras nos adaptábamos en la mesa fabricada con terracota. —Quiero saberlo. —Sí, si lo hicimos— desencadeno sin recatos. —Esperamos mucho tiempo para hacerlo — escolto con indiferencia al soplar el esmalte celeste de mis uñas. —Y... ¿cómo estuvo? — mira llanamente el iris de mis ojos, como interponiéndose en mis inclinaciones. —Vamos dímelo— impone. —Estuvo... digamos, muy bueno. Me engancha de los hombros tomándome con fuerza. — ¿Muy bueno?... ¿Solo muy bueno, Christine? — se sobresalta con los ojos vacilantes. —No sé qué es lo que esperas que diga — me suelta de su agarre y se amolda nuevamente en el asiento. —Esperaba que me dijeras que te has enamorado de Aarón— suspira hondamente recorriendo cada peca de mi rostro. —Siento como si hubiera cambiado algo en ti— encasilla una buena porción de helado en su boca sin alzar la mirada. — Como si enamorarse fuera tan fácil— reí mordiendo mis labios. —Escucha, no he cambiado, de verdad, quiero bastante a Aarón, pero me siento confundida. No fue como esperaba y tampoco me siento como creí que me sentiría después de hacer lo que hicimos. No es tan fácil estar con el —digo con un tono más arrojado. — ¿Qué vas a hacer? ¿Dejarle por Adam? Permanezco en silencio por unos segundos al remarcar sus palabras. — ¿De qué me estás hablando? — las paletas de mi nariz se abren. —No seas insulsa, Christine, lo que sucedió el fin de semana, me tortura que ni siquiera me lo quieras admitir—apoya los dedos en su cien. —Tú no sabes nada, en realidad, nadie sabe nada — digo colisionando cada oración. —Claro que si— lame la cuchara con apatía. —Todos te vieron llegar con él. Por esa razón Aarón te busco cuando desapareciste en la segunda planta, estaba seguro de que estabas con él. — ¿Eso te ha dicho? — alcanzo el vaso de helado y me tomo el caldo. —¿Porque crees que me fui? — refiero con la voz quebrada y los ojos humedecidos. —No lo sé Christine ¿Porque te fuiste? — rebusca inclinado la cabeza hacia mí.  —Porque no siento nada por Aarón, no así, no como él quisiera.  Parte hasta los bordes de su asiento y roza mi melena con suavidad. —De verdad... ¿Te gusta Adam? — reflexiona aguardando mi respuesta. Mis ojos se tornan brillosos y una lagrima emerge hacia mi mejilla. —Eso creo— remuevo algo de humedad en mi frente. — Sí, no, no lo sé, quizás— mis manos tiemblan y me aposto muy abrumada. —Intento evitarle, pero simplemente no puedo. A veces solo me asomo por la ventana para ver si el también esta hay.  —¿Y porque has follado con Aarón? —Solo quería que sintiera solo un poco; una pizca de lo que él me hizo sentir a mi— refugio mi cara entre mis brazos.     — ¿No me digas? —toma mi mano con ahogo. —No puede ser... verdad. Asiento con la cabeza y me aferro aún más fuerte de su mano. —No hizo nada, solo se largó.  Seque mis ojos, lo superaría, era más fuerte que esto.     Pagamos la cuenta y salimos de la heladería. Circulábamos por los comercios del centro comercial; veíamos los vestidos de gamuza colgados en una cristalera cuando embestimos con un pelinegro y con un moreno. —¡Chicas! —Tom camina hacia nosotras dando zancadas y nos abraza con jaleo. —Qué bueno verlas. Siento que ha pasado un año desde la última vez que nos vimos. —Nos vimos el fin de semana— le contrasta Sabine al pelinegro frente a ella. —Es un decir, solamente que tu no captas— repele adecentando su barba. — Escuchen, ya que estamos casi todos aquí, ¿Qué les parecería ir a comer al departamento de Christine? Le golpeo suavemente la mejilla e inclino la cabeza para verle desde otro ángulo. —¿Y porque a mí departamento? —Porque en tu casa no está mi madre aguafiestas y mi abuela juerguista peleando todo el día—sonríe humilde. —¿Qué dicen? ¿Vamos? —Me parece bien—dice Roger. —Hace tiempo que ya no nos juntamos todos juntos. —Falta Romina, no podemos des incluirle— completa la castaña a mi vanguardia. —Estoy de acuerdo, le llamare para que acuda —le contesta el moreno. Nos aclimatamos en el coche de Tomás, ellos hablaban sobre cualquier despropósito que se les sobreviniera y yo, solo no podía dejar de pensar en mi conversación con Sabine. Ya había pasado una semana sin saber nada de Adam, es como si hubiera desaparecido de mi vida, pero a la vez lo siento escondido tras las cortinas.   Cogí las llaves de mi bolsa y abrí la puerta principal de mi departamento dándonos paso hasta los adentros. La nana me esperaba en el sofá junto al ventanal de la sala. —¿Y este batallón? —pregunta la anciana prestando atención a la presencia de todos mis amigos. — Los he traído para que prueben tu deliciosa comida— me allego a ella y le beso la mejilla pretendiendo endulzarla. —Tengo mucha hambre nana— dice Tom sobándose el estómago. —No he comido en días — simula desmayarse derrumbándose sobre el sillón. — La nana se va a recostar—dice en tercera persona. —No pienso cocinar para tantas personas. Buena suerte cocinando, tienes suficientes manos para que te secunden —se coloca la mano en la cintura y parte caminando hasta su dormitorio tumbando ambas caderas. —¿Les parece si pedimos una pizza? — propone Roger agitando el móvil. —No, chicos— el pelinegro se levanta como un resorte del sillón. —Yo cocinare. —Olvídalo, le marcare a la pizzería. Además, no quiero intoxicarme con algo cocinado por ti— revisa el móvil y emprende a teclear. Corren algunos minutos. Romina aparece y se moldea en la barra a platicar con Sabine y conmigo. Tom y Roger platican sobre el sillón caro de la sala. Todos tenemos hambre y la pizza aun no llega. Dejo plantadas a las chicas mientras me voy a mi habitación. Busco el dinero en mi capacho para pagar la pizza, pero me detengo justo frente a mi ventana solo para observar a la de Adam. Las cortinas permanecen cerradas al igual que las puertas de la terraza. Pesco el dinero del capacho y me dirijo nuevamente hacia las chicas, pero me freno al encontrarme con Roger en el pasillo y me presa del brazo llevándome hasta el cuarto de baño. —¿Qué quieres ahora? — privo su mano de mi brazo de un empellón. —No quiero hablar contigo. 
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