Capítulo 11

4989 Words
Llegué muy tarde al género de literatura griega, pero pesqué un permiso en dirección y conseguí entregar el proyecto. El timbre del almuerzo tintineo y deambulaba con las chicas sin un rumbo fijo por el pasillo.  —Estamos invitadas a una fiesta esta noche — Romina entona mientras recostamos los espinazos de las casillas. La miro entrecerrando los ojos. — ¿Cuál es el motivo? —le pregunto hostigada. —Una amiga está cumpliendo veinte — presa el libro que se acierta entre su brazo derecho y lo embute en su casilla. — y quiere que lleve a unas amigas para sus amigos que cursan con ella en la facultad. —Bien, yo voy. Apúntame — Sabine refiere temeraria llevando una pieza de sándwich a su boca. Romina disimula apuntar algo en su mano. — ¿Y tú Christine? —entona. — ¿Quieres venir o te quieres quedar leyendo un libro? Cojo mi tentempié y reviso el contenido de la bolsa marrón; pan sin gluten y soda. —Paso— empujo la puerta metálica del casillero y me marcho hasta la cafetería. Lo que me incómodo en realidad fue lo que ocurrió con Aarón, sé que el estará allí, es una fiesta de su facultad. No sé por cuanto tiempo estaremos así, solo he estado pensando en que debería perdonarle y seguir adelante; aunque haya sido un imbécil.   Llego a mi edificio luego de un largo día en el instituto y me subo en el montacargas. Alguien detiene la puerta justo antes de su cierre; es Aarón. Se sube conmigo al montacargas y me saluda con un beso en la mejilla.  — ¿Qué quieres ahora?  —le pregunto pulsando el botón de mi piso. —Arreglar las cosas— adecento los pelos pegados a mi frente y pongo los ojos en blanco. —Eres mi novia Christine, no quiero que estemos así, me siento mal. Todos ya sabían que lo de Aarón y yo había terminado. No sé quién fue, pero alguien se había encargado de que Roger y Adam se enterasen.    — Debiste pensarlo antes de decirme todas esas basuras— reviso la hora en mi móvil, solo quiero escapar de sus ojos.  Aarón me toma de las manos y guía mi mirada hacia su rostro.  —Dame otra oportunidad, no te fallare.  Al ver su rostro, sabía que hablaba en serio, no mentía. A estas alturas de mi vida, no me importaba perdonarle. Sabía que, si volvía con él, tenía que soportar todo; su familia, su mal humor, sus engaños. Talvez me destrozaría, pero no me importaba, había empezado a quererle. —Está bien, te daré otra oportunidad, solo no me falles— golpeo suavemente su brazo.   Aarón me refugia entre sus brazos. Me coge la cara y planta un beso sobre mis labios. —Eres la mejor Chris El montacargas se detiene en mi piso y lo aparto caminando hasta el pasillo; frente a él. —Nos vemos esta noche en la fiesta— agito mi mano hasta que las puertas se cierran frente a mí y me marcho hasta mi departamento. Había cambiado de opinión, iría a la fiesta.   El tono del móvil me despertó, Sabine me había enviado un mensaje; ya estaba fuera. Mi padre estaba sentado en la barra de la cocina con el móvil adherido a la cien. No le dirigí la palabra, estaba ocupado, como siempre. Tome mi bolsa y me marche con Sabine hasta el montacargas. Los chicos y Romina, aguardaban en el aparcamiento de mi edificio.   Tom me abrazo y me beso en la frente. Tiene una melena ceniza que combina a la perfección con sus ojos. Es otro de mis amigos.  —¡Muevan esos culos! las espere por horas— solo lo dijo para colmarle la paciencia a Sabine.  —¡Ya cállate! ya estamos aquí— clamo mientras se acomodaba en el asiento adyacente al mío. En la entrada nos esperaba una mesa colmada de alcohol. Tome un trago y me lo pase hasta el fondo. Rodeamos el domicilio y caminamos hasta el jardín t*****o. La alberca estaba aglomerada de chicas en topless y flotadores.   Me moldeé sobre la barra de la cocina y me serví algunos tragos de una botella a medio tomar. Cerré los ojos perdiéndome en la sonata de la música. Al abrirlos nuevamente, acerté mi vista en el pasillo. Un rostro peculiar cruza ante mis ojos; Adam viene directo a la cocina. Se me erizaba la piel e intentaba calmar el palpo en mi pecho rodeando los bordes de la copa con el dedo.   ¿Me gusta Adam? Si, si me gusta, pero ¿cómo estar con él? si los dos estamos con personas diferentes.   Al dirigirse hacia mí, no me pierde de vista, sus ojos están sobre mí y los míos sobre él. —¿Vas a terminar de tomarte eso? — cuestiona señalando la botella. —En realidad, creo que no — tomo el botellón de vidrio y lo planto frente a su torso. —tómala, te servirá más a ti que a mí — nuestras manos se rozan suavemente hasta que él consigue pescar la botella. —Claro esta — salió de la cocina hasta el pasillo, pero giro sobre sus talones caminando nuevamente hacia mí, pero esta vez más espacioso. —Si quieres, puedes venir más tarde a la terraza con nosotros— agita la botella. —hoy estaremos brindando— me giña el ojo y se va sin esperar mi respuesta. Caigo sobre mis pies al bajar de la barra y premedito subir las escaleras para guiarme hasta la terraza, pero justo antes de poner un pie en el escalón, Aarón me acorrala el torso y me roba un beso en el pómulo. — Me encanta verte Chris, creí que no llegarías nunca — dice con esa voz grave que hace que un estreñimiento recorra mi columna. Al despertar, me levante como un resorte de la cama, era más tarde de lo que pensaba. La alarma que estaba sobre la cómoda no tintineó como en cada mañana. Necesitaba entregar un proyecto a primera hora y eran más de las siete. Me encasille una falda, camiseta y botas.  Tome mi mochila y baje apresuradamente las escaleras. El transporte ya no estaba, seguro se había marchado en vista de mi ausencia. Cogí mi móvil para intentar comunicarme con un taxi, pero no había señal. Perseveré erguida al borde de la calle, mirando hacia los parajes en busca de algún transporte. La campanilla de la puerta del edificio vecino repiqueteó; Adam bajaba las escaleras junto a la chica del instituto. Hacia ondas en mi cabello para mirar hacia otro lugar. Parecía la propia tonta, intentando no verlos, tan solo me sentía incomoda. Presumía que ellos eran algo y se sentía tan raro gustar de él. Estaba decolorada y mis manos estaban bruñes; el frio era de infarto. Respiré hondo cuando sentí una mano apoyarse sobre mi hombro, solo pensaba en Adam. — ¿Necesitas que te llevemos?  — gire mi cabeza como búho, era una voz femenina. Me quede sin palabras y ella agrego algo para no incomodarme. —¿Vas al mismo lugar que nosotros verdad? Rasco mi cuello y redirijo mi vista hasta un auto rojo que transita a mi costado. —En realidad, estoy esperando a un taxi y no quisiera molestarles— refiero directamente a Adam.   — Ani, déjala en paz, seguro que su novio vendrá por ella — le sugirió a la rubia de pie frente a mí. Tenía unos ojos avellanos y californianas rosas en el pelo; era tan hermosa que me daba pena ser yo.  Ella lo miro fulminante y el solo se encogió de hombros.  — No le prestes atención, hoy está de mal humor querida— me susurro.    — ¿Solamente hoy? creí que ese era su humor normal— burlé. Adam giro la cara y rodeo los ojos.  Ani embozo una carcajada y miro a Adam apretando los labios; intentaba no reír.  —Por fin alguien que me entiende— estaba como que quería reírse, pero no lo hacía porque él se molestaría. —¿Te quedaras a esperar a que algún día aparezca tu novio o el taxi?  Me recojo la melena con una coleta y sin más alternativas, acabo cediendo. — Es unánime, subiré — nos marchamos hasta la motocicleta y Ani me coloco un casco de estampado beige sobre la cabeza. Sujete mi falda para subir en la motocicleta, pero me resultaba peliagudo gracias a mis mudas. Me veía como una incompetente, pero de ningún modo dejaría que viera mi lencería blanca. Sin meno aviso, Adam se arrimó hacia mí y me sujeto del torso; me levanto con sus nítidas manos como si tuviera el peso de una pluma y me ayudo a encasillarme sobre la moto.  Me aferraba de la cintura del castaño y Ani, se enganchaba de mis hombros; creí ver un mensaje subliminal al estar en medio de ambos. En un cruce, me aferré tanto de él que creí haberle pellizcado los abdominales con mis uñas largas. Prontamente llegamos al instituto. Ambos se bajaron del vehículo; ella se apresuró y galopó hasta el interior del plantel despidiéndose de ambos. Adam permaneció de pie a mi lado, tenía que cruzar mi pierna hacia el otro lado, pero tenía el mismo problema al subir y no quería incomodarle. Adam desenmascaro una sonrisa de lado a lado mientras observa mis ineptitudes. — ¿Necesitas ayuda para bajar? — coloco su mano en su barbilla, como si estuviera recapacitando si necesitaba o no ayuda solo para que admitiera que en realidad si la necesitaba. Les eche un vistazo a los costados de la motocicleta, pensado en cómo iba a bajar. —No es necesaria, gracias— masculle entre dientes.  — Eres una estúpida orgullosa— soltó una carcajada. Si pudieran escuchar su risa como yo, sería estupendo. Es tan grave y tiene ese toque de goce.  Adam se encasillo demasiado cerca de mí, esperaba intimidarme, pero no flaquee. Estábamos tan cerca que nuestros alientos se mezclaban. Mi estómago se atosigo y oprimía mi embocadura. Adecué mis manos sobre sus hombros y crucé mi pierna hacia el otro lado. Me preso de la espalda baja, sus manos se resbalaron hasta mi t*****o y las deslizo hasta llegar a mis muslos; casi como si fuera parte de un accidente. Con la cabeza baja y los pómulos decolorados, le echo un vistazo a la lencería bajo mi falta que se ha d*********o por la posición que adoptaron mis piernas. Cubrí mi ropa interior, pero mi mirada hacia él es algo pecaminosa. — ¿No pierdes de vista a lo que no puedes tener? —burle bajándome de la motocicleta y reacomodándome la mochila con cólera. No derrocha esa mirada intensa que hace que unos estreñimientos recorran mis brazos. — ¿Quién dijo que no podría tenerlo? — me sujeta los antebrazos con sus tersas manos y sus pupilas se expanden con desafío. —Yo— remojo mis labios y estos tiemblan. —no puedes, no fui tu amiga por años para terminar como tu objeto—mis ojos se inclinan de un lado a otro detallando los suyos. —Es indiscutible — se decapita las palabras en seco y condena con la cabeza. — lo más estúpido es que ahora estas con alguien que si te utiliza como objeto— me desengancha y se sube nuevamente a su motocicleta.   Mi sonrisa temblorosa se convirtió en un mohín. — ¿En serio te molesta tanto?   —Christine, eso hace que me hierva la sangre — encendió el motor y partió; observe como se perdía en la autopista.  Lo entendía, de verdad lo entendía. Adam sabía exactamente qué clase de persona era Aarón, solo que a veces tenía miedo; miedo a estar sola. Tenía momentos tan buenos como malos, pero me sentía conforme con él.  Al despertar, me levante como un resorte de la cama, era más tarde de lo que pensaba. La alarma que estaba sobre la cómoda no tintineó como en cada mañana. Necesitaba entregar un proyecto a primera hora y eran más de las siete. Me encasille una falda, camiseta y botas.  Tome mi mochila y baje apresuradamente las escaleras. El transporte ya no estaba, seguro se había marchado en vista de mi ausencia. Cogí mi móvil para intentar comunicarme con un taxi, pero no había señal. Perseveré erguida al borde de la calle, mirando hacia los parajes en busca de algún transporte. La campanilla de la puerta del edificio vecino repiqueteó; Adam bajaba las escaleras junto a la chica del instituto. Hacia ondas en mi cabello para mirar hacia otro lugar. Parecía la propia tonta, intentando no verlos, tan solo me sentía incomoda. Presumía que ellos eran algo y se sentía tan raro gustar de él. Estaba decolorada y mis manos estaban bruñes; el frio era de infarto. Respiré hondo cuando sentí una mano apoyarse sobre mi hombro, solo pensaba en Adam. — ¿Necesitas que te llevemos?  — gire mi cabeza como búho, era una voz femenina. Me quede sin palabras y ella agrego algo para no incomodarme. —¿Vas al mismo lugar que nosotros verdad? Rasco mi cuello y redirijo mi vista hasta un auto rojo que transita a mi costado. —En realidad, estoy esperando a un taxi y no quisiera molestarles— refiero directamente a Adam.   — Ani, déjala en paz, seguro que su novio vendrá por ella — le sugirió a la rubia de pie frente a mí. Tenía unos ojos avellanos y californianas rosas en el pelo; era tan hermosa que me daba pena ser yo.  Ella lo miro fulminante y el solo se encogió de hombros.  — No le prestes atención, hoy está de mal humor querida— me susurro.    — ¿Solamente hoy? creí que ese era su humor normal— burlé. Adam giro la cara y rodeo los ojos.  Ani embozo una carcajada y miro a Adam apretando los labios; intentaba no reír.  —Por fin alguien que me entiende— estaba como que quería reírse, pero no lo hacía porque él se molestaría. —¿Te quedaras a esperar a que algún día aparezca tu novio o el taxi?  Me recojo la melena con una coleta y sin más alternativas, acabo cediendo. — Es unánime, subiré — nos marchamos hasta la motocicleta y Ani me coloco un casco de estampado beige sobre la cabeza. Sujete mi falda para subir en la motocicleta, pero me resultaba peliagudo gracias a mis mudas. Me veía como una incompetente, pero de ningún modo dejaría que viera mi lencería blanca. Sin meno aviso, Adam se arrimó hacia mí y me sujeto del torso; me levanto con sus nítidas manos como si tuviera el peso de una pluma y me ayudo a encasillarme sobre la moto.  Me aferraba de la cintura del castaño y Ani, se enganchaba de mis hombros; creí ver un mensaje subliminal al estar en medio de ambos. En un cruce, me aferré tanto de él que creí haberle pellizcado los abdominales con mis uñas largas. Prontamente llegamos al instituto. Ambos se bajaron del vehículo; ella se apresuró y galopó hasta el interior del plantel despidiéndose de ambos. Adam permaneció de pie a mi lado, tenía que cruzar mi pierna hacia el otro lado, pero tenía el mismo problema al subir y no quería incomodarle. Adam desenmascaro una sonrisa de lado a lado mientras observa mis ineptitudes. — ¿Necesitas ayuda para bajar? — coloco su mano en su barbilla, como si estuviera recapacitando si necesitaba o no ayuda solo para que admitiera que en realidad si la necesitaba. Les eche un vistazo a los costados de la motocicleta, pensado en cómo iba a bajar. —No es necesaria, gracias— masculle entre dientes.  — Eres una estúpida orgullosa— soltó una carcajada. Si pudieran escuchar su risa como yo, sería estupendo. Es tan grave y tiene ese toque de goce.  Adam se encasillo demasiado cerca de mí, esperaba intimidarme, pero no flaquee. Estábamos tan cerca que nuestros alientos se mezclaban. Mi estómago se atosigo y oprimía mi embocadura. Adecué mis manos sobre sus hombros y crucé mi pierna hacia el otro lado. Me preso de la espalda baja, sus manos se resbalaron hasta mi t*****o y las deslizo hasta llegar a mis muslos; casi como si fuera parte de un accidente. Con la cabeza baja y los pómulos decolorados, le echo un vistazo a la lencería bajo mi falta que se ha d*********o por la posición que adoptaron mis piernas. Cubrí mi ropa interior, pero mi mirada hacia él es algo pecaminosa. — ¿No pierdes de vista a lo que no puedes tener? —burle bajándome de la motocicleta y reacomodándome la mochila con cólera. No derrocha esa mirada intensa que hace que unos estreñimientos recorran mis brazos. — ¿Quién dijo que no podría tenerlo? — me sujeta los antebrazos con sus tersas manos y sus pupilas se expanden con desafío. —Yo— remojo mis labios y estos tiemblan. —no puedes, no fui tu amiga por años para terminar como tu objeto—mis ojos se inclinan de un lado a otro detallando los suyos. —Es indiscutible — se decapita las palabras en seco y condena con la cabeza. — lo más estúpido es que ahora estas con alguien que si te utiliza como objeto— me desengancha y se sube nuevamente a su motocicleta.   Mi sonrisa temblorosa se convirtió en un mohín. — ¿En serio te molesta tanto?   —Christine, eso hace que me hierva la sangre — encendió el motor y partió; observe como se perdía en la autopista.  Lo entendía, de verdad lo entendía. Adam sabía exactamente qué clase de persona era Aarón, solo que a veces tenía miedo; miedo a estar sola. Tenía momentos tan buenos como malos, pero me sentía conforme con él.  Al despertar, me levante como un resorte de la cama, era más tarde de lo que pensaba. La alarma que estaba sobre la cómoda no tintineó como en cada mañana. Necesitaba entregar un proyecto a primera hora y eran más de las siete. Me encasille una falda, camiseta y botas.  Tome mi mochila y baje apresuradamente las escaleras. El transporte ya no estaba, seguro se había marchado en vista de mi ausencia. Cogí mi móvil para intentar comunicarme con un taxi, pero no había señal. Perseveré erguida al borde de la calle, mirando hacia los parajes en busca de algún transporte. La campanilla de la puerta del edificio vecino repiqueteó; Adam bajaba las escaleras junto a la chica del instituto. Hacia ondas en mi cabello para mirar hacia otro lugar. Parecía la propia tonta, intentando no verlos, tan solo me sentía incomoda. Presumía que ellos eran algo y se sentía tan raro gustar de él. Estaba decolorada y mis manos estaban bruñes; el frio era de infarto. Respiré hondo cuando sentí una mano apoyarse sobre mi hombro, solo pensaba en Adam. — ¿Necesitas que te llevemos?  — gire mi cabeza como búho, era una voz femenina. Me quede sin palabras y ella agrego algo para no incomodarme. —¿Vas al mismo lugar que nosotros verdad? Rasco mi cuello y redirijo mi vista hasta un auto rojo que transita a mi costado. —En realidad, estoy esperando a un taxi y no quisiera molestarles— refiero directamente a Adam.   — Ani, déjala en paz, seguro que su novio vendrá por ella — le sugirió a la rubia de pie frente a mí. Tenía unos ojos avellanos y californianas rosas en el pelo; era tan hermosa que me daba pena ser yo.  Ella lo miro fulminante y el solo se encogió de hombros.  — No le prestes atención, hoy está de mal humor querida— me susurro.    — ¿Solamente hoy? creí que ese era su humor normal— burlé. Adam giro la cara y rodeo los ojos.  Ani embozo una carcajada y miro a Adam apretando los labios; intentaba no reír.  —Por fin alguien que me entiende— estaba como que quería reírse, pero no lo hacía porque él se molestaría. —¿Te quedaras a esperar a que algún día aparezca tu novio o el taxi?  Me recojo la melena con una coleta y sin más alternativas, acabo cediendo. — Es unánime, subiré — nos marchamos hasta la motocicleta y Ani me coloco un casco de estampado beige sobre la cabeza. Sujete mi falda para subir en la motocicleta, pero me resultaba peliagudo gracias a mis mudas. Me veía como una incompetente, pero de ningún modo dejaría que viera mi lencería blanca. Sin meno aviso, Adam se arrimó hacia mí y me sujeto del torso; me levanto con sus nítidas manos como si tuviera el peso de una pluma y me ayudo a encasillarme sobre la moto.  Me aferraba de la cintura del castaño y Ani, se enganchaba de mis hombros; creí ver un mensaje subliminal al estar en medio de ambos. En un cruce, me aferré tanto de él que creí haberle pellizcado los abdominales con mis uñas largas. Prontamente llegamos al instituto. Ambos se bajaron del vehículo; ella se apresuró y galopó hasta el interior del plantel despidiéndose de ambos. Adam permaneció de pie a mi lado, tenía que cruzar mi pierna hacia el otro lado, pero tenía el mismo problema al subir y no quería incomodarle. Adam desenmascaro una sonrisa de lado a lado mientras observa mis ineptitudes. — ¿Necesitas ayuda para bajar? — coloco su mano en su barbilla, como si estuviera recapacitando si necesitaba o no ayuda solo para que admitiera que en realidad si la necesitaba. Les eche un vistazo a los costados de la motocicleta, pensado en cómo iba a bajar. —No es necesaria, gracias— masculle entre dientes.  — Eres una estúpida orgullosa— soltó una carcajada. Si pudieran escuchar su risa como yo, sería estupendo. Es tan grave y tiene ese toque de goce.  Adam se encasillo demasiado cerca de mí, esperaba intimidarme, pero no flaquee. Estábamos tan cerca que nuestros alientos se mezclaban. Mi estómago se atosigo y oprimía mi embocadura. Adecué mis manos sobre sus hombros y crucé mi pierna hacia el otro lado. Me preso de la espalda baja, sus manos se resbalaron hasta mi t*****o y las deslizo hasta llegar a mis muslos; casi como si fuera parte de un accidente. Con la cabeza baja y los pómulos decolorados, le echo un vistazo a la lencería bajo mi falta que se ha d*********o por la posición que adoptaron mis piernas. Cubrí mi ropa interior, pero mi mirada hacia él es algo pecaminosa. — ¿No pierdes de vista a lo que no puedes tener? —burle bajándome de la motocicleta y reacomodándome la mochila con cólera. No derrocha esa mirada intensa que hace que unos estreñimientos recorran mis brazos. — ¿Quién dijo que no podría tenerlo? — me sujeta los antebrazos con sus tersas manos y sus pupilas se expanden con desafío. —Yo— remojo mis labios y estos tiemblan. —no puedes, no fui tu amiga por años para terminar como tu objeto—mis ojos se inclinan de un lado a otro detallando los suyos. —Es indiscutible — se decapita las palabras en seco y condena con la cabeza. — lo más estúpido es que ahora estas con alguien que si te utiliza como objeto— me desengancha y se sube nuevamente a su motocicleta.   Mi sonrisa temblorosa se convirtió en un mohín. — ¿En serio te molesta tanto?   —Christine, eso hace que me hierva la sangre — encendió el motor y partió; observe como se perdía en la autopista.  Lo entendía, de verdad lo entendía. Adam sabía exactamente qué clase de persona era Aarón, solo que a veces tenía miedo; miedo a estar sola. Tenía momentos tan buenos como malos, pero me sentía conforme con él.  Al despertar, me levante como un resorte de la cama, era más tarde de lo que pensaba. La alarma que estaba sobre la cómoda no tintineó como en cada mañana. Necesitaba entregar un proyecto a primera hora y eran más de las siete. Me encasille una falda, camiseta y botas.  Tome mi mochila y baje apresuradamente las escaleras. El transporte ya no estaba, seguro se había marchado en vista de mi ausencia. Cogí mi móvil para intentar comunicarme con un taxi, pero no había señal. Perseveré erguida al borde de la calle, mirando hacia los parajes en busca de algún transporte. La campanilla de la puerta del edificio vecino repiqueteó; Adam bajaba las escaleras junto a la chica del instituto. Hacia ondas en mi cabello para mirar hacia otro lugar. Parecía la propia tonta, intentando no verlos, tan solo me sentía incomoda. Presumía que ellos eran algo y se sentía tan raro gustar de él. Estaba decolorada y mis manos estaban bruñes; el frio era de infarto. Respiré hondo cuando sentí una mano apoyarse sobre mi hombro, solo pensaba en Adam. — ¿Necesitas que te llevemos?  — gire mi cabeza como búho, era una voz femenina. Me quede sin palabras y ella agrego algo para no incomodarme. —¿Vas al mismo lugar que nosotros verdad? Rasco mi cuello y redirijo mi vista hasta un auto rojo que transita a mi costado. —En realidad, estoy esperando a un taxi y no quisiera molestarles— refiero directamente a Adam.   — Ani, déjala en paz, seguro que su novio vendrá por ella — le sugirió a la rubia de pie frente a mí. Tenía unos ojos avellanos y californianas rosas en el pelo; era tan hermosa que me daba pena ser yo.  Ella lo miro fulminante y el solo se encogió de hombros.  — No le prestes atención, hoy está de mal humor querida— me susurro.    — ¿Solamente hoy? creí que ese era su humor normal— burlé. Adam giro la cara y rodeo los ojos.  Ani embozo una carcajada y miro a Adam apretando los labios; intentaba no reír.  —Por fin alguien que me entiende— estaba como que quería reírse, pero no lo hacía porque él se molestaría. —¿Te quedaras a esperar a que algún día aparezca tu novio o el taxi?  Me recojo la melena con una coleta y sin más alternativas, acabo cediendo. — Es unánime, subiré — nos marchamos hasta la motocicleta y Ani me coloco un casco de estampado beige sobre la cabeza. Sujete mi falda para subir en la motocicleta, pero me resultaba peliagudo gracias a mis mudas. Me veía como una incompetente, pero de ningún modo dejaría que viera mi lencería blanca. Sin meno aviso, Adam se arrimó hacia mí y me sujeto del torso; me levanto con sus nítidas manos como si tuviera el peso de una pluma y me ayudo a encasillarme sobre la moto.  Me aferraba de la cintura del castaño y Ani, se enganchaba de mis hombros; creí ver un mensaje subliminal al estar en medio de ambos. En un cruce, me aferré tanto de él que creí haberle pellizcado los abdominales con mis uñas largas. Prontamente llegamos al instituto. Ambos se bajaron del vehículo; ella se apresuró y galopó hasta el interior del plantel despidiéndose de ambos. Adam permaneció de pie a mi lado, tenía que cruzar mi pierna hacia el otro lado, pero tenía el mismo problema al subir y no quería incomodarle. Adam desenmascaro una sonrisa de lado a lado mientras observa mis ineptitudes. — ¿Necesitas ayuda para bajar? — coloco su mano en su barbilla, como si estuviera recapacitando si necesitaba o no ayuda solo para que admitiera que en realidad si la necesitaba. Les eche un vistazo a los costados de la motocicleta, pensado en cómo iba a bajar. —No es necesaria, gracias— masculle entre dientes.  — Eres una estúpida orgullosa— soltó una carcajada. Si pudieran escuchar su risa como yo, sería estupendo. Es tan grave y tiene ese toque de goce.  Adam se encasillo demasiado cerca de mí, esperaba intimidarme, pero no flaquee. Estábamos tan cerca que nuestros alientos se mezclaban. Mi estómago se atosigo y oprimía mi embocadura. Adecué mis manos sobre sus hombros y crucé mi pierna hacia el otro lado. Me preso de la espalda baja, sus manos se resbalaron hasta mi t*****o y las deslizo hasta llegar a mis muslos; casi como si fuera parte de un accidente. Con la cabeza baja y los pómulos decolorados, le echo un vistazo a la lencería bajo mi falta que se ha d*********o por la posición que adoptaron mis piernas. Cubrí mi ropa interior, pero mi mirada hacia él es algo pecaminosa. — ¿No pierdes de vista a lo que no puedes tener? —burle bajándome de la motocicleta y reacomodándome la mochila con cólera. No derrocha esa mirada intensa que hace que unos estreñimientos recorran mis brazos. — ¿Quién dijo que no podría tenerlo? — me sujeta los antebrazos con sus tersas manos y sus pupilas se expanden con desafío. —Yo— remojo mis labios y estos tiemblan. —no puedes, no fui tu amiga por años para terminar como tu objeto—mis ojos se inclinan de un lado a otro detallando los suyos. —Es indiscutible — se decapita las palabras en seco y condena con la cabeza. — lo más estúpido es que ahora estas con alguien que si te utiliza como objeto— me desengancha y se sube nuevamente a su motocicleta.   Mi sonrisa temblorosa se convirtió en un mohín. — ¿En serio te molesta tanto?   —Christine, eso hace que me hierva la sangre — encendió el motor y partió; observe como se perdía en la autopista.  Lo entendía, de verdad lo entendía. Adam sabía exactamente qué clase de persona era Aarón, solo que a veces tenía miedo; miedo a estar sola. Tenía momentos tan buenos como malos, pero me sentía conforme con él. 
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD