Sergey esta más que seguro que esa palomita es suya, la tiene en su casa y en su cama, que más quiere, los niveles de calor comienzan a subir, Aby se siente extraña. Ha permitido que el sexi ruso la bese y saboree su cuerpo caliente, ella sabe hasta donde llegar, no será como las otras que por el hecho de ser un buen seductor, les abren las piernas. Ella se ha propuesto a ganarse no solo el cuerpo sino el corazón de aquel hombre que la tiene enamorada. Se mantiene cuerda ante la excitación que él le está provocando, pero no es simplemente un a costón lo que ella quiere, necesita tener la seguridad que ese ruso no pondrá sus ojos en nadie más cuando ella sea suya. Le ha quitado la blusa y estrujado sus pechos, ella lo está disfrutando, pero ha llegado el momento de ponerle un alto. —Eres

