Brillan tus ojitos negros, pedazos de corazón. Estúpido mundo, solo un juego lleno de miel y de ilusión. Cara llena de alegría, sucias de tierra tus manos. Si lloras, me entristece; y si ríes, me alegro. Solo quisiera saber qué es lo que te hace feliz. Pantalón sucio y gastado porque la vida te hace sufrir, niño hermoso, niño pobre, vive tu vida feliz. Solo goza tu inocencia, ¡Dios no se olvidó de ti!
Si alguna vez miras a un niño pobre, verás que solamente con su sonrisa podría parar la guerra. Y te has de preguntar: ¿por qué el hambre y la miseria están golpeando a su puerta?
Nací el 5 de noviembre de 1959. Mi nombre es Hugo Rodolfo y soy el primero de 3 hermanos. Mis padres fueron Hugo José y Dora (Ana) Verón, padres ejemplares. Mi infancia fue feliz junto a mis hermanos. Nos fuimos criando con el amor inmenso de nuestros padres. No tuvimos lujos, pero nunca nos faltó nada. Mientras íbamos creciendo, comenzaron las travesuras. Recuerdo, yo era el jardinero, me río hoy en la distancia de los años, me río, pero para esa época de mi vida era preocupante.
Un día le pregunté a mamá: "¿Quieres que te riegue las rosas?". Mamá me contestó que sí. Mamá estaba en nuestro dormitorio arreglando las camas, la de mis hermanos y la mía. Hermanos, había una pava sobre la cocina con agua caliente. La tomé, salí al jardín y comencé a regar sus plantas de rosas. Mi mamá salió al jardín y me miró. Al ver lo que estaba haciendo con sus rosas, salió corriendo para sacarme la pava. Yo, al ver a mamá desesperada para salvar sus plantas, me asusté y corrí a la calle. Mi mamá me llamaba Rodolfo, entra, y le contestaba: "No, tú me vas a castigar". Ella me decía: "No, hijito. Pobre madre mía".
Teníamos un vecino que tenía un colectivo. Le arreglé el motor y se fue a la provincia de Córdoba. Me fui con Don Rueda, su hijo Rubén, Manuel y su hijo Manolo. Que la dictadura nunca más fue visto su padre y su madre lo lloraron hasta el último día de sus vidas. Yo me fui de viaje con vecinos y eran otras épocas. Los vecinos te cuidan como si fueras sus hijos. Recuerdo con mucha nostalgia esa época.
Siempre desde niño fui, soy y seré libre. Eso sí, con respeto a los demás y cuidado de no meter la pata. Y nunca me porté mal, siempre con la verdad, por más que duela. En mi niñez, azotó una terrible pandemia de polio. Fue muy doloroso ver a hijos de vecinos con esa enfermedad. Una familia vecina sufrió en carne propia esa enfermedad. Su hijo Daniel le tomó una pierna. Nosotros teníamos una carretilla y lo pasamos a buscar. Íbamos a una canchita vecina a la familia Rueda. Lo bajamos y se sentaba sobre el pasto, miraba el juego nuestro. Tenía un hermano, Javier, él era llorón (sobrenombre: MATE COCIDO). Así fue pasando mi primera infancia, alegre, feliz. Cuánto añoro esa etapa de mi vida.
Mi papá era repartidor de soda, era sifonero. Me llevaba al reparto los días sábados, toda una aventura para mí. Tenía el reparto en la ciudad, andaba en chata tirada por un caballo en calles adoquinadas. Recuerdo el sonido del trote del caballo con sus vasos en el adoquín. Tiempo después, cambiaron las ordenanzas de la ciudad, ya no permitían tracción a sangre. Entonces, la empresa donde trabajaba papá tuvo que comprar camiones para seguir con el trabajo. Papá me enseñó con ese camión, un Chevrolet 1946, a conducir en dos calles sin salida, Zamudio y Zado. Tenía clientes en esas calles todos los sábados. Ahí estaba yo, ansioso. Como era un camión viejo, yo no llegaba a los pedales. Entonces, papá me hacía poner encima de él y así podía frenar, embriagar y acelerar. Aunque no lo crean, así fue. Al tiempo, le cambiaron el camión, le dieron una Ford 350. Como tenía los pedales colgantes, ahí demostré a mi papá que estaba bien enseñado.
Mi padre era un obrero, pero me dejó un gran legado de vida, el respeto a las personas, a todas por igual, ricas, pobres, en situación de calle. También me dejó un gran conocimiento de la calle. Ustedes escuchan a menudo hablar a los políticos de la universidad de la calle. ¡Yo la tuve gratis! Hoy ya estoy cerca del retiro. He trabajado con camiones articulados por tres países de Sudamérica. Quería dejarles mis conocimientos a mis nietos.