1. Aivan

1928 Words
Llegué a mi palacio vencido ante la obligación de casarme. Había conocido a la chica con la que estaba obligado a contraer matrimonio, su nombre “Jinohra”. Al observarla mi estómago dio un vuelco, no era como todas las ostentosas princesas, ella era diferente a como la imaginé. En mi mente Jinohra era una niña consentida y caprichosa que todo lo que haría sería despilfarrar dinero en cosas simples e inútiles, pero al verla de frente, con sus jeans y ropa completamente informal, quedé sorprendido. Aquella imagen de ella quedó desplazada por completo. Su único defecto: su actitud; tiene una actitud de los mil demonios, pero podré sobrellevarlo. Algo que me preocupó al momento de conocerla fue su comportamiento, si no se controlaba arruinaría mi imagen junto con la de mi familia y yo quiero evitar eso a como dé lugar; porque mi respetado padre había luchado tanto por darle un nombre a nuestro reino, por hacer de Lisburn un sitio próspero como para que ella arruinara todo el trabajo de mi familia. Al llegar a mi hogar pude acercarme a un televisor y estuve a punto de besarlo. En Newry, por lo menos dentro del palacio, no hay televisores, ni celulares, ni nada de tecnología. Ahora veo por qué estaba tan furiosa Jinohra, ahí no hay entretenimiento, no hay distracción alguna más que hablar con las doncellas, bendito sea el día en que no nací “princesa”. Se supone que nuestro protocolo indica que mañana debería hacer oficial el compromiso que se llevaría a cabo dentro de dos meses según acordaron los padres de Jin, ya que yo no quise establecer fecha alguna porque realmente me era indiferente. Podrían decir que nos casaríamos en una semana y yo no  me quejaría, siempre y cuando mi imagen y la de mi reino se mantuviera limpia; de todas formas, jamás llegaría a querer románticamente a Jinohra, así que no le daba importancia a establecer una fecha en específico. Las invitaciones ya habían sido corridas y hasta mi madre tenía la suya. Yo no quería que ella asistiera porque estaba seguro de que eso me iba a poner muy nervioso y tenso. Mis padres me habían criado para este momento, pero yo jamás lo deseé, ni siquiera pensé que a mis veintiún años estaría comprometido. Esa edad parecía muy lejana para mi yo de siete años, sin embargo ahora el tiempo había pasado rápidamente hasta hacerme cumplir esa edad. —Manden vestidos nuevos a casa de mi prometida —ordené a la servidumbre. —Señora Johns, por favor entréguele esto de mi parte —le di una cajita con un teléfono para estar comunicados, —dígale que le explicaré cómo usarlo en cuanto vuelva a verla. —Si majestad, como usted ordene —hizo la reverencia correspondiente y se retiró. Salí un rato a pasear por las calles del reino, me gustaba convivir con mis “súbditos” aunque odio ese término, pues son personas al igual que yo y creo que, si estuviera en su posición, me gustaría tener contacto con mis reyes y con el principado. Tenía ciertas amistades dentro de mi reino y creo que les agrado, aunque haya escuchado demasiados comentarios negativos hacia la forma en la que mi familia gobierna, pero hago lo suficiente…o al menos todo lo que puedo hacer por ellos. Desgraciadamente yo aún no tenía el poder suficiente para gobernar en todo el reino, quien dictaba las reglas era mi madre, y realmente ella solamente obedecía a los consejeros que intentaban replicar las decisiones que hubiera tomado mi padre en caso de no haber muerto. Al regresar a casa me esperaban mi hermana y mi madre —Madre, hermana, he regresado—musité haciendo una reverencia hacia ellas. — ¿Cómo te ha ido hijo?, ¿pudiste ver a tu prometida? —interrogó mi madre con una mirada alegre al sacar el tema de mi compromiso. —Si…pero no es una “princesa” exactamente —respondí entrando a tientas. — ¿Cómo que no es una princesa? ¿Nos han engañado? —No, no quise decir eso, me refiero a que de título si lo es, más no de actitud. —Tendrás que enseñarle a portar el título… ¡Emy! —llamó a mi hermana y la sentó frente a ella para comenzar a cepillar su cabello, —no necesitamos a otra chica mal educada por aquí —dijo en tono infantil jugando con la pequeña que tenía frente a ella. —Emy, ve a tu habitación, debo hablar con mamá —advertí a la pequeña de la casa. —¿En verdad debo hacerlo? —interrogó a mi madre poniendo aquellos ojos a los que no te podías negar —Si a tu hermano no le molesta… —Pues realmente no, pero quería hablar contigo sobre…algo importante —mi madre dejó de sonreír y me miró seria —Emily, ve a la cama de inmediato, es algo serio —¿Es sobre mi Jini? —preguntó mi hermanita tirando de mi camisa y logrando que me ruborizara. Era vergonzoso sacar el tema a colación frente a una niña que aún lee cuentos donde las princesas y los príncipes deben vivir felices para siempre, ¿cómo podría hacer añicos sus ilusiones? —No, no lo es —respondí cortante y mi hermana se fue. —Ahora dime qué es lo que quieres —reparó mi madre —Ella es…hablo de su forma de ser, es una maleducada, una muy mala esposa y ni qué hablar de su vocabulario…es tan…irritante; no creo aguantar a su lado —estallé, jamás creí llevar tanta carga a mi casa de tan solo ver a una mujer como Jinohra. —Lo sé, tú eras igual cuando eras un pequeño niño. —Pero ya no lo soy, he madurado y ella…es sólo un año menor que yo, debería comportarse como lo que es —hice un mohín y me di la vuelta para seguir caminando con rumbo a mi habitación. —Necesitas ir a tu propio lugar Aivan, aléjate de todo el reino por un momento, lo necesitas —iba diciendo mi madre mientras caminaba detrás de mi. Ella abrió mi guardarropa y tomó una pantalón de mezclilla, una playera de algodón y un par de calcetines; me dejó la ropa sobre la cama y al fin se detuvo para verme. — ¿Hablas en serio? —interrogué contrariado. —Muy en serio Aivan. Relájate un poco y, en cuanto te sientas listo, regresa a ver qué tal están las cosas con la princesa Jinohra de Newry. Ambos deben aprender a vivir juntos, así como yo lo hice con tu padre—el tono de su voz disminuyó al mencionar a mi padre. Todos sabíamos sobre la historia de su muerte en la batalla, pero mi madre lo odiaba por eso, por preferir su pueblo antes que a su propia familia. —Te tomo la palabra madre, voy a distraerme y espero sirva de algo. Tomé las cosas y salí del palacio una vez estuve cambiado. Caminé por las calles como una persona normal, como cualquier individuo sin ser acosado o atacado por los que estaban en contra de nuestras leyes, o asfixiado por la atención de las chicas. Encontré un pequeño departamento a las afueras de la ciudad del reino donde habitaba la Duquesa Cassidy de Campterlyn, nosotros habíamos sido amigos desde la infancia. Mi padre había pensado en unirme en matrimonio con ella, pero como era una simple duquesa no quiso continuar con todo y hasta la fecha es una de las  cosas que le debo agradecer. Sería un completo desastre si me casara con ella. Cassidy es una mujer independiente, renunció prácticamente a su puesto en la realeza para vivir aislada y sin nadie que la moleste. He recurrido a ella en diversas ocasiones. Una vez fingió ser mi prometida frente a mi padre para que pensara que mi compromiso con la princesa de Icaria debía ser anulado, y sorprendentemente lo logramos, jamás soporte a esa tipa engreída, era peor que Jinohra. Decidí pasar sólo para charlar un momento, sin embargo aquel hogar tan agradable me hizo permanecer durante toda una semana en casa de Cassidy. En mi último día para regresar a mis labores reales conocí a la amiga de Cass, una chica hermosa que iba enfundada en un vaporoso vestido color amarillo pálido, supuse entonces que ella era de la realeza. —Mañana anunciarán el compromiso. Hoy se hará una ceremonia, una especie de cena-baile para dar a conocer a la feliz pareja de príncipes—frunció el ceño. Supuse que hablaba de mi compromiso con Jinohra. —Lo sé pequeña, pero calma que todo marchará bien, recuerda el consejo…—vi sonreír a Cassidy. Tenía tantas ganas de salir de atrás de la barra de la cocina para preguntarle su nombre a la chica del hermoso vestido amarillo, pero prefería que ella hablara sin que se diera cuenta de mi presencia. —Aun no estoy lista para el compromiso —repeló la chica «Entiendo perfectamente cómo te sientes» respondí mentalmente. —Lo sé, lo has dicho cada minuto desde que las cartas llegaron, pero ya no sigas con esto, ni siquiera lo conoces y aun así no podrás deshacer el compromiso. —Lo sé —su voz se partió y comenzó a llorar en los brazos de Cassidy. Tenía tantas ganas de ir a darle un abrazo y sacarla de aquí lo más rápido posible, así podría evitar aquel compromiso que la hacía tan desdichada. Apuesto a que el tipo con el que está comprometida debe ser un imbécil por tenerla tan infeliz, ¿es que el poco hombre no se da cuenta de lo mal que ella lo está pasando? Por un momento pensé que hubiera preferido comprometerme con esa mujer en lugar de hacerlo con Jinohra. Ésta chica no tenía miedo de mostrar su esencia frente a quien consideraba mi mejor amiga. Aquella chica se retiró y Cassidy se dejó caer en el sillón con un gran suspiro. —¿Sucede algo? —dije mientras me acercaba a ella. —Otra princesa renegada a contraer nupcias. Eso me hace alegrarme de ser una duquesa y no una princesa —rió. —Dímelo a mí, tengo que casarme con una chica a la cual odio —bufé. —¿Hablas de Jin?, ella es una chica encantadora, apuesto a que te sorprenderá —me guiñó un ojo y mandó a llamar a su chofer personal para que me llevara al palacio a prepararme para mi propia presentación con Jinohra. Me monté en el auto y salimos disparados hacia mi hogar, cada hora que pasaba me ejercía una mayor presión, debía fingir estar enamorado de alguien que no conozco en lo más mínimo y de la cual tengo dos opiniones: la mía y la de Cassidy. —Haz regresado —corrió mi madre a recibirme con Emy siguiéndola, —te hemos echado de menos —me llenó de besos como cualquier madre haría. —Estoy bien, debo arreglarme para la presentación. Subí a mi habitación a cambiarme la ropa por las prendas “normales”. Se trataba de un traje perfecto, camisa impecable, pañuelo en el saco y corbata con un nudo perfecto; los zapatos acordes a la ocasión, toda mi vestimenta elegida por alguien más para mantener la imagen pulcra que siempre me había caracterizado. —Es momento de que te vayas para elegir todo lo relacionado con el adorno de mañana —musitó mi madre, irrumpiendo en mi habitación. —Lo sé, deséame suerte —me despedí de mi familia y salí al carruaje para que me llevaran “al reino del siglo XV”, odio ese maldito reino sin tecnología. En el camino me iba despidiendo mentalmente del televisor y de mi computadora, nunca pensé que extrañaría tanto esas cosas materiales. Mientras yo estaba angustiado, los guardias del palacio de Newry abrieron la reja de su entrada para hacer pasar mi transporte. —Jinohra, he vuelto —musité con total dramatismo y entonces una chica salió de detrás de unas cortinas para recibirme. Me quedé atónito ante lo que veía. La misma chica que hace unas horas había estado con Cassidy estaba frente a mí. No puede ser, aquella hermosa chica era Jinohra, la mujer del vestido amarillo había sido ella. Me arrepiento de lo que pensé antes sobre el imbécil y poco hombre que hacía sufrir a ésta chica, jamás pensé que ella comprendiera perfectamente lo que el matrimonio me hacía sentir.
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