Llegamos hasta el foro de uno de los programas más importantes de ambos reinos, Lisburn y Newry. Entramos al estudio entre aplausos y gritos ensordecedores, pero en cuanto se percataron de nuestra presencia todo se quedó en un silencio, que a mí me resultaba incómodo. Nos presentaron ante el público y ante los televidentes, que probablemente en Newry estarían escondidos ya que estaba prohibida la televisión en nuestro país, pero era sabido por todos que había sitios clandestinos donde la veían. —Buenas noches Newry, buenas noches Lisburn —inició Aivan con su discurso. Se veía tan imponente en el escenario, mientras todos lo observaban y mientras yo me sentía pequeña en aquel lugar. Nunca me había gustado estar ante el público, ese era uno de mis más grandes temores y se había hecho real

