Sofía Adams; Abrí los ojos de golpe y, en el momento en que me moví, sentí como si me hubiera atropellado un camión. Un pequeño gemido escapó de mis labios, destellos de la noche anterior recorriendo mi mente. Nos lanzamos como conejos. Al final, fui la primera en desmayarme. Podía notar la intensidad con la que nos lanzamos por los dolores en mi cuerpo. Era como si estuviéramos intentando tener un bebé. Intenté moverme, pero me di cuenta de que había algo duro dentro de mí... Mis ojos se abrieron de par en par. Parecía que me había quedado dormida con la polla de Lucas todavía en mi centro. Sus fuertes brazos me sostenían mientras me hacía cucharita, el calor de su cuerpo filtrándose en mí. —Buenos días —la voz profunda de Lucas llegó a mis oídos, y levanté la cabeza, girándome par

