—¡Aléjate de mi hijo! —dijo la esposa de mi padre, con una mirada llena de furia mientras me observaba desde el jardín. Los niños jugaban a lo lejos, sin notar la tensión que se estaba formando entre nosotras. El sonido de sus risas, tan lejanas y ajenas a lo que ocurría, sólo añadía un contraste extraño a la atmósfera cargada de tensión que flotaba en el aire. Era como si todo estuviera a punto de estallar, pero al mismo tiempo, nada se moviera, como si el tiempo se hubiera detenido y solo existiera el enfrentamiento entre nosotras. Me quedé quieta por un momento, analizando sus palabras, tratando de entender por qué me miraba con ese desprecio tan palpable. ¿Qué había hecho para que me tratara como si fuera una intrusa, una amenaza para su mundo perfecto? ¿Por qué parecía estar tan furi

