—¡¡Felicidades!! —gritó Kate, totalmente emocionada por la noticia. Me abrazó con fuerza, casi dejándome sin aire, mientras una sonrisa enorme se formaba en su rostro. Yo solo reía feliz, disfrutando del momento, mientras ella me miraba como si no pudiera creer lo que acababa de escuchar. Mi mente aún estaba intentando procesar lo que había sucedido. Mi corazón latía a mil por hora, y en mi pecho sentía esa mezcla de emoción y nervios. Fabricio me había pedido matrimonio. ¡Fabricio! Mi compañero, mi amigo, el hombre que había estado a mi lado en los momentos más dulces y difíciles. Un torbellino de pensamientos y sentimientos se agolpaban en mi cabeza, pero todo se reducía a una sola palabra: felicidad. Kate, sin embargo, no perdía tiempo. Su emoción era tan contagiosa que sentí cómo mi

