Frena un poco, toma las curvas con suavidad y, sin darme cuenta, sigo los movimientos de la moto de forma natural. Me encanta. Es toda una sorpresa. Siempre he odiado las motos. Salimos de la ciudad. No tengo ni idea de adónde vamos, pero me da igual. Estoy rodeando con los brazos y las piernas a mi hombre de acero y el viento pasa a mi lado a toda velocidad. Estoy en éxtasis... hasta que reconozco la carretera que conduce al Hotel Opulen Have. Mi gozo en un pozo. Después del día que he tenido, el colofón perfecto sería terminarlo con una ración de mi querida labios hinchados. Me doy una charla mental preparatoria, me digo que he de estar por encima de sus celos, que son evidentes, y de su rencor. Aunque lo que más me gustaría saber es por qué se comporta así. ¿Habrá salido N

