—Yo también —dice con suavidad—. Mucho. —¿Dónde te habías metido? —Eso no importa, Addison. —A mí sí —replico sin agitarme. —He vuelto. Eso es lo único que importa. —Me toma del culo y me acerca más a él. Sí, es verdad. Pero no por ello siento menos curiosidad. Y el hecho de que no me lo quiera decir la aviva todavía más. ¿Dónde estaba? —Dímelo —insisto. —Addison, olvídalo —dice con voz severa. Suspiro, me despego de su pecho y lo miro apesadumbrada. —Vale. Tengo que lavarme el pelo. Me aparta los mechones mojados de la cara y me besa los labios. —¿Tienes hambre ya? La verdad es que sí. El polvo resacoso me ha abierto un apetito voraz. —Muchísima. —Me levanto y tomo el champú—. ¿Esto es todo? —Observo la botella, y después a Nick—. ¿No tienes acondicionador?

