—¿Cuántos años tienes? —susurro acariciándole los labios con los míos. Levanta la cabeza intentando buscando un mayor contacto pero yo me aparto. Me lanza una mirada asesina y deja caer la cabeza. —Treinta y tres —jadea, y luego gime de desesperación cuando vuelvo a mover las caderas en círculos encima de él. Acerco la boca a su cuello y luego la desplazo hasta su oreja, lamiendo y besando su piel. —Dime la verdad —susurro antes de morderle el lóbulo de la oreja con cuidado. Resopla. —¡Joder, Addison! No voy a decirte cuántos años tengo. Me siento sobre su pecho y niego con la cabeza. —¿Por qué? Sus labios forman una línea recta y cabreada. —Quítame las esposas, quiero tocarte. «¡Ajá!» —No. Vuelvo a mover las caderas, frotando justo en el lugar adecuado. N

