Me siento a mi mesa soñando despierta, con la mente ocupada en The One y en los distintos tipos de polvo. Si —en mi pequeño mundo perfecto— acabo teniendo una relación con Nick, ¿será siempre así? ¿Él dará las órdenes y yo a obedecer? Es eso, o que me folle con diferentes propósitos o que me someta a una cuenta atrás y me torture hasta que ceda o me supere físicamente y me obligue a hacer lo que él quiere. No niego que en la cama tiene su gracia, pero ha de haber cierto toma y da, y no estoy segura de que Nick sepa dar, a menos que se trate de sexo. La verdad es que en eso es muy bueno. Me encrespo cuando llego a la conclusión de que, sin duda, se debe a que ha tenido mucha práctica. Rompo el lápiz. ¿Qué? Miro el trozo de madera partido en dos que tengo en la mano. Huy.

