—Pero no puedes. El daño ya está hecho. —Mi voz rebosa desprecio. Me mira. —El daño será mayor si me dejas. «Por Dios». —¡Fuera! —No. —Sacude la cabeza con desesperación y da un paso hacia mí—. Addison, por favor, te lo suplico. Me aparto de él y consigo poner cara de decisión. Trago saliva sin parar para intentar mantener a raya el nudo que tengo en la garganta. Esto es increíblemente doloroso. Por eso no quería verlo. Estoy furiosa con él, pero verlo tan abatido me parte el corazón. Me ha mentido, me ha engañado y, básicamente, me ha acosado y perseguido para que me metiera en la cama con él. «¡Has dejado que me enamorase de ti!» Me mira con fijeza, el dolor de sus ojos oscuros es inconmensurable. Si no aparto la mirada, cederé... Así que la desvío. Agacho la

