Solos él y yo, en nuestra pequeña burbuja de felicidad, apaciguándonos el uno al otro. El resto del mundo se interpone en nuestro camino o, para ser exactos, el pasado de Nick se interpone en nuestro camino. —Moriré queriéndote —dice con toda la emoción que sé que de verdad siente—. No puedo permitir que vayas a Suecia. Suspiro. —Lo sé. —Y deberías haberme dejado que me ocupara de tus cosas. No quería que volvieras a verlo —añade. Me someto a él. —Lo sé. Sabe lo tuyo. Se tensa debajo de mí. —¿Lo mío? —Me dijo que eras un alcohólico empedernido. Se relaja y se echa a reír. —¿Que soy un alcohólico empedernido? Lo miro, sorprendida por su reacción ante algo tan duro. —A mí no me parece divertido. Además, ¿cómo es que lo sabe? —Addison, no tengo ni idea,

