—Eso espero, ¡vives allí! Pongo los ojos en blanco. Cómo no. —Te veo luego. —¿A qué hora? —me presiona. —Más o menos a las seis. —Más o menos —repite—. Te quiero, nena. «...» —Lo sé. Cuelgo y subo los escalones que llevan a la puerta principal del restaurante para verme con mi publicista. Estoy demasiado ocupada como para que mi hombre complicado me distraiga con su complicada forma de ser. … —Bonitas flores. Levanto la vista y veo a Victoria delante de mi mesa. Está menos naranja pero no menos triste que esta mañana. —¿Te encuentras bien? Me pregunto si Erick ha conseguido sacarle algo. —La verdad es que no. —¿Te apetece desahogarte? Se encoge de hombros. —La verdad es que no. Intento no poner cara de aburrimiento pero es muy difícil. Es el típico momento

