—Eso también me hace muy feliz. ¿Otra vez? —pregunta, aunque ya está empujando de nuevo hacia el final del raíl. —Por favor. —Frenazo—. ¡Ah! —mascullo cuando la sensación de mi estómago se transforma en un lento ascenso hacia el clímax. Viajamos de nuevo por el raíl, esta vez un poco más de prisa. «¡Frenazo!» —¡Ah! —Lo sé —susurra—. ¿Más? —¡Sí! Hundo la lengua con desesperación en su boca. Hace que nos deslicemos con suavidad, pero esta vez no deja que lleguemos al final, sino que empuja con los pies y vuelve a enviarnos al inicio del raíl. Chocamos con fuerza, nuestros cuerpos colisionan y tengo que dejar su boca y hundir la cara en su hombro para ahogar un grito. —¡Mierda! Repite el mismo delicioso movimiento. «¡Travesía e impacto!» Esto es muy intenso. Nunca

