—Nick, de verdad que te necesito en la oficina —insiste. Él gruñe y mentalmente deseo que la pise como a un felpudo. —¡Lily, por favor! —masculla poniéndose de pie—. Nena, ¿prefieres quedarte aquí o venir conmigo? No la estoy mirando, pero sé que ha puesto cara de asco y, aunque me encantaría tocarle las narices un poco más, estoy muy contenta aquí con Tomás y mi sublime. —Vete, yo estoy bien aquí. Toma su botella de agua y me besa en la frente. —No tardo nada. Echa a andar y Lily tiene que seguirlo corriendo sobre sus tacones de dieciséis centímetros para no perderlo, no sin antes tomar su gin-tonic de la barra con un gruñido. La ignoro y acepto la copa que me ofrece un Tomás sonriente. —Gracias, Tomás. —Le devuelvo la sonrisa, doy un trago y gimo de gratitud.

