Me acuerdo de que tengo que relajarme. Me estoy esforzando al máximo para no vomitar. Dejo que mis manos exploren sus caderas, encuentran su culo y le clavo las uñas en las nalgas tersas. —¡Más! —Su voz es severa y bestial. Se las clavo más aún—. Joder, Addison... Sigue entrando y saliendo y sé que está a punto. Dejo una mano en su culo y con la otra le agarro de los huevos. Ya está. —¡Joder! —grita sacándola para sujetársela firmemente por la base—. Estate quieta y abre la boca. —Me taladra con la mirada. Obedezco sin soltarle los huevos, abro la boca y lo miro a los ojos. Entra y sale a toda velocidad. Los músculos de su cuello se tensan y con un grito ahogado apoya el enorme glande en mi labio inferior y descarga un líquido caliente y cremoso que golpea el fondo de m

