—¿Has visto lo perfectamente bien que encajamos? —Se retira despacio y vuelve a entrar, suave y firme, marcando la pauta, de lo que está por llegar. Quiere hacerme el amor de verdad—. ¿Lo notas? —me pregunta con cariño, repitiendo el ardiente movimiento y exacerbando la necesidad que tengo de él. —Sí —confirmo en voz baja. Lo noto desde la primera vez que conectamos, incluso desde la primera vez que nuestras miradas se cruzaron. Continúa con sus estocadas lentas y contenidas, y yo llevo mis manos a su espalda, dibujando figuras asimétricas sobre su piel firme. Me besa en los labios. —Yo también. Vamos a hacer el amor. Me concentro en absorberlo y él sigue entrando y saliendo, moviendo las caderas en círculos y acercándome al clímax. Me mira con devoción, con adoración.

