—Por supuesto. —Deja el tenedor en el plato—. Tampoco soy tan controlador. Casi se me caen los cubiertos. ¿Me está tomando el pelo? —Nick, eres verdaderamente muy especial. —Pongo en mi voz toda la dulzura que la frase merece. —No tanto como tú. —Me guiña el ojo—. ¿Lista para Camden? Asiento y tomo el bolso de la silla. Me observa desconcertado. Pongo un billete de veinte bajo el salero de la mesa y él lanza un resoplido exagerado, se saca la cartera del bolsillo y sustituye mi dinero por el suyo. Me quita el monedero de las manos y vuelve a meter el billete dentro. «¡Don Controlador!» Mi móvil empieza a bailar sobre la mesa, pero antes de que pueda decirle a mi cerebro que lo tome, Nick me lo quita delante de las narices. —¿Hola? —saluda al interlocutor misterioso. Lo miro

