Mi señor me entrega esperanzas que me llenan de vida, que me engañan y me hacen creer que sí existe un camino distinto para los dos. Le suplico que tenga compasión de su esclava y no me haga soñar con un imposible. Anahí Me quedo clavada en mi sitio con los ojos puestos en los de él. Veo tantas cosas: necesidad, deseo… amor. Es una fulguración que me traspasa, que se mete en mi interior y le da convicción a mis ganas de permanecer a su lado. Me siento tan vulnerable, mis ojos pican, me falta el aire y las palabras desaparecen de entre los dos. Por un segundo solo somos él y yo dentro de esta habitación. —Yo iré por el médico —dice el señor Sullivan rompiendo el silencio. —Iré contigo, cariño —habla la señora Sullivan. Ambos salen y nos dejan solos, en medio del magnetismo que se crea

