Christal estaba encima de Eduil y le llenaba el rostro con muchos besos. Eduil mostraba una sonrisa complacida y rodeaba la estrecha cintura de la chica con sus brazos y la apretujaba a él. Había amanecido y ellos querían pasar el día en la cama, así, dándose aquellos deliciosos besos. —Puedo pasar toda mi vida así —comentó Eduil—. No me cansaré nunca de tu cuerpo, me fascina. Christal revolvió el cabello de Eduil, le había estado creciendo en esos días y le gustaba sentir su suavidad, además, tenía un olor fresco que le embriagaba. Eduil notó que la unión de Christal se había fortalecido significativamente aquella noche. Pensó que, si el buen animo y la actividad física la fortalecían, entonces debía hacer que lo practicara con baja intensidad en sus días de descanso. El doctor

