Christal se sintió igual a cuando estaba en la aldea, rodeada de personas que no la comprendían, que la veían como si fuera defectuosa. Pero no lo iba a permitir, ahora Peter estaba de por medio, no dejaría que la historia se repitiera con él. Observó fijamente a Fernando con severidad. —Ni se te ocurra volver a ponerle una mano encima a mi hermano —gruñó—. Te lo advierto, si me vuelvo a enterar que lo golpeaste… Fernando desplegó una sonrisa torcida. —Mira, ya hasta eres capaz de amenazar —soltó—. ¿Qué? ¿Qué pasará si no permito que te lleves a Peter para que esos malditos extraterrestres le sigan lavando el cerebro? —Se cruzó de brazos. —¿Qué no vas a permitir? —Christal arrugó su entrecejo al no comprender sus palabras—. ¿Es que acaso tengo que pedirte permiso para que me deje

