LA MARCA DEL DUEÑO (HACE TRES AÑOS) SEGUNDA PARTE Horas más tarde, Harper dormía profundamente a mi lado, envuelta en las sábanas negras que hacían que su piel resaltara como el mármol más fino. La luz de la luna delineaba su figura, perfecta e intocable. Me levanté en silencio, sintiendo el frío del ático golpeando mi piel desnuda, y caminé hacia el balcón que daba a la ciudad. Mi teléfono, que había dejado sobre la cómoda, comenzó a iluminarse con una luz azul insistente. Un número privado. Una llamada que no podía ignorar, aunque quisiera, porque ignorarla significaba poner en peligro lo que acababa de ocurrir en esa cama. Salí al balcón y cerré la puerta de cristal con cuidado para no despertarla. El viento de la madrugada me azotó el rostro, trayendo consigo el olor a metal y

