Un largo viaje

1402 Words
Después de terminar la charla en la biblioteca, todos pasaron al comedor para cenar, excepto Azrael, quien tuvo que marcharse por algunos asuntos que debía atender. Al servir el banquete, Lidia estaba algo desconcertada, ya que la comida no era mala en sabor, pero si distinta a lo que estaba acostumbrada a comer en el mundo del que venía; por ello, una vez acabando de cenar, dio las gracias y se retiró a sus aposentos para descansar. Una vez estando allí, se acercó hacía la gran ventana que se encontraba a un costado de su cama, y observo el vasto pasaje por unos instantes... Estaba oscuro, pero la luz de la luna, la hacia poder ver unas cuantas cosas a simple vista, entre ellas, una imponente montaña que a lo lejos, brillaba por encima de ella una resplandeciente estrella. - Es Calisto, mi madre. Al escuchar estas palabras, Lidia se dio la vuelta sorprendida, y vio que se trataba de Amir, quien estaba recargado en la puerta de entrada a sus aposentos, mirándola, con una sonrisa pícara. - ¡Ay, que susto me diste! - le dijo Lidia mientras se agarraba el pecho con una mano. - ¿Cuánto tiempo llevas ahí viéndome? - Lo suficiente como para darme cuenta, de que quisieras quedarte aquí, en Acror. - ¡Estas loco si piensas que quiero quedarme! Tengo que volver a casa por mi hija. - ¿No crees que eres muy joven, para tener una hija? - Tengo veinticuatro, para nada soy joven... Tú, ¿Cuántos años tienes? - le pregunto intrigada. - Años... No lo sé, pero si hablas de ciclos, entonces tengo ciento veintisiete. - ¿Qué? ¿ciento veintisiete? - exclamó con asombro. - ¿Que es un ciclo aquí? - Observa aquella montaña a lo lejos, es Rirdirt, un ciclo comienza cuando se pinta de nieve, después de eso se descongela, los árboles dan frutos y las flores florecen; después la cosecha termina, la lluvia empieza a caer seguido, las hojas de los árboles caen y la montaña vuelve a pintarse de nieve, ese es un ciclo. - ¡Ah! En mi mundo a eso le llamamos "un año" el cual tiene cuatro estaciones, primavera, verano, otoño, e invierno que es cuando cae la nieve... Entonces tú, ¿Tienes ciento veintisiete años? ¡No inventes! - le dijo sorprendida. - No entiendo mucho de lo que dices, pero disfruto cuando hablas. - le respondió Amir, con una sonrisa coqueta. - Descansa viajera, por la mañana, después del desayuno, partiremos al bosque encantado. - ¿Para qué? - Iremos a pedir la ayuda de Alister, debe prepararte para la batalla. - Esta bien, solo espero no decepcionarlos. - Confío en ti. - le dijo Amir, mientras la tomaba de la mano. - Em, te quería pedir un favor enorme. - le dijo Lidia un tanto incómoda, mientras apartaba su mano. Sonrojado, Amir apartó la mirada hacia otro lado para disimular la incomodidad del momento. Se sentía como un tonto. - Dímelo. - No me siento cómoda con vestidos, así que para el viaje si no es mucho pedir, podrías conseguirme algunos pantalones? - Le diré a Lady Mirely que te tenga preparada ropa cómoda para el viaje. - Genial, muchas gracias. - le dijo Lidia con una gran sonrisa. - Bien, me retiro, trata de descansar, mañana será un largo día. Una vez que Amir salió de la habitación, los ojos de Lidia se inundaron de lágrimas y se puso a llorar, le pidió a Dios por su hija y su familia, no sabía cómo estaban, y la idea de estar en otro mundo le causaba pánico, y nostalgia; ya que no sabía si el tiempo en el mundo del que ella venía transcurría rápido o se paralizaba durante su estancia en Odisea. Solo deseaba ir a casa. Varias horas después, se tumbó en la suave y calida cama, y mientras el cansancio y la preocupación se disiparon, se quedó profundamente dormida. ******************** Al amanecer, junto con los primeros rayos de sol, Amir se dirigió a los aposentos de Lidia; llegó y se paró junto a su puerta muy pensativo, cuestionandose así mismo si había sido una buena idea... Y después de esperar por un rato, se atrevió a entrar sin previo aviso. Se acercó sigilosamente hasta la cama, levanto la cortina de seda y cómo todavía se encontraba dormida, se quedó mirándola fijamente por un rato; ella era tan diferente e inusual a todas las mujeres de Odisea. Tenía una personalidad única, decía lo que pensaba sin titubear, y podía notar que su corazón era cálido y hogareño, pero por dentro, estaba deseoso de aventura. Los ojos de Amir brillaron hasta expandir su pupila, no conocía muy bien a esta extraña mujer, pero sentía como su corazón sonreía tan solo de verla. Justo cuando estiró su mano para acariciar su rostro, Lidia despertó. - ¿Que haces aquí? - le preguntó sorprendida. - He... Venido a decirte que estés preparada con todo lo necesario, porqué emprenderemos un largo viaje. - le dijo con una sonrisa, mientras palmeó su hombro para despistar. - ¡Aah! Y a qué hora nos vamos? - le preguntó, soltando un bostezo, mientras se acurrucaba perezosa entre las sábanas. - ¿Hora? Partiremos a medio día. - ¡Querrás decir, a las doce! - le dijo sarcástica. - ¿Así lo llaman en tu mundo? Que extraño. - le dijo Amir pensativo. - En un momento Lady Mirely te traerá ropa cómoda, una vez que estes lista bajas a la entrada principal, te estaremos esperando. Dicho esto, Amir se retiró y enseguida entro Lady Mirely con un enorme baúl y lo coloco justo al lado de su cama. - Espero sea de su agrado joven Lidia. - le dijo, y luego se retiró. Intrigada, Lidia se levantó y abrió el baúl. Noto que estaba repleto de ropa; pantalones de lino fino entallados, camisas de seda con mangas abullonadas, similares a las que usaban las guerreras de la época medieval, también algunos accesorios de complemento como cintos y broches para ajustar la medida, a pesar de ser ropa de guerrera, era verdaderamente hermosa. ****************************** Fuera del castillo, había un carruaje cargado con provisiones. Amir y Otis se encontraban charlando mientras esperaban a Lidia. - ¿Creés que Alister quiera entrenarla? - pregunto Otis. - Tiene que hacerlo, ella es nuestra única esperanza para liberar a Odisea de la oscuridad. Justo en ese momento llegó Lidia, y con su atuendo fue casi imposible no captar la atención de ambos chicos. Llevaba el cabello suelto, una camisa de seda blanca con mangas abultadas, y encima una túnica color beige, con un corte corazón en el pecho; un cinturón de cuero marrón tipo corset con una hebilla en medio que hacia resaltar su cintura, unos pantalones de lino y unas botas altas de cuero marrón que le llegaban hasta las rodillas. Parecía una verdadera princesa guerrera. - ¡Que hermosa! - le dijo Amir sonrojado. - Solo te hace falta un detalle para estar lista. - Y eso que no me bañé, jajaja- bromeó, mientras se acomodaba unos guantes de cuero marrón que hacían juego con su ostentoso atuendo. Amir sacó del carruaje una funda de espada con un cincho, se acercó a Lidia, y paso sus manos delicadamente alrededor de su cintura para colocarlo. Ella solo apartó su rostro sonrojado. Si bien no sentía atracción alguna por Amir, no podía negar que era un joven apuesto, y muy simpático, tenerlo tan cerca usualmente la hacía sentir apenada. - Ahora sí, luces como la valerosa guerrera que estas destinada a ser. - le dijo Amir. - Quisiera creer lo mismo. - respondió Lidia con un ligero aire de tristeza. - Pero te prometo que haré mi mejor esfuerzo. - Amir, debemos partir cuánto antes. - le interrumpió Otis, antes de que pudiera responderle a Lidia. - será un largo viaje, al menos doce días y noches, según mis cálculos, si partimos ahora, llegaremos alcanzando un amanecer. - ¡Pues vámonos de una buena vez! - dijo Lidia. - Estoy lista. - ¡Así se habla! - le dijo con una gran sonrisa. Amir y Lidia subieron al carruaje, mientras que Otis subió al frente para ir dirigiendo los caballos. Valientes, y sin saber que les esperaba en el camino, emprendieron su viaje hasta el misterioso Bosque Encantado.
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