Un rato después, luego de atravesar por completo el caserío y tener que sonreír educadamente a los antiguos vecinos, a quienes consideró igual de descorteses que en el pasado, Mag detuvo su andar en la acera, justo donde el filo del concreto se unía con el césped de la propiedad Woods. Tomó aire y entonces contempló aquella vieja estructura que tantos recuerdos evocaba. Notó que Dahlia había cubierto el anterior tono amarillo que tanto conflicto había causado entre sus padres, por un insulso tono blanco. Entendió el propósito; su intensión había sido darle un aspecto más limpio y grande… más puro, quizás, pero ninguna pintura podía cubrir el desgaste natural de los tablones, esos que su padre había clavado él mismo, cuando era joven e idealista… Cuando creía que tendría una vida feliz. M

