FABIAN: —Pídele a uno de tus hombres que entreguen esto —me dice Diana, con las cajas de postres en la mano. Llamo a Alan, que siempre me acompaña, y se lo doy. Él se encarga de que lleguen a su destino. Con Diana abordamos el carro. En el camino, tomo sus piernas, las subo y le desabrocho las zapatillas, acariciándolas. Ella observa lo que hago, y cuando nos detenemos, ya está descalza. Yo también me quito los zapatos. El chófer abre la puerta para que bajemos. Ella baja, me voltea a ver y me besa. —Qué hermoso —me dice, caminando por la arena. La tomo de la mano y llegamos justo cuando el sol se está ocultando. Se sienta y me hace señas para que me siente detrás de ella. Se acomoda entre mis piernas, recostando su cabeza en mi pecho. —Qué hermosa vista —suspira. —A mí me gusta

