—Es de un amigo —vuelve a hablar Damián. —¿Tú crees que es un juego? —le dice su padre, enojado—. Esmeralda, llama a tu padre, yo hablaré con Fabián —agrega, yéndose. -Sin amigos —me dice Damián—. Tu padre y el mío. —Pues qué amigo, para ese amigo mejor nada. —¿Quién crees que convenció a Fabián para que no les hiciera nada a tu familia? Tu padre ayuda al mío. Toda la tecnología que hay en la empresa de mi padre, tu papá la ha propor-cionado. —¿Cómo supo Fabián lo del carro? Se suponía que lo devolverías —le digo—. ¿Tu padre le dijo? —Fue tu hermana —responde—. Comentó algo del carro, que era de tu novio. Camino adentro, donde ella está tomando el té con mi suegra. —El carro es de Dilan, no de mi novio, como dijiste —le digo. —Lo siento, yo sabía que eran novios —me responde. —S

