La cara que pone Fabián cuando digo eso me causa gracia, pero trato de ocultar la risa mirando por la ventana mientras él espera en un semáforo. No dice nada, solo conduce, y yo guardo silencio también. -¿Eras tú la que fue con tu padre a la empresa de Navarreti? —me pregunta. —Una: no sé quién es ese que dices, y dos: no tengo por qué responderte —le digo. Noto cómo se le forman hoyuelos cuando sonríe. —Uno: es el que tu padre fue a instalarle los equipos. Dos: tienes que responderme —me dice serio. Me da risa que piense que le debo explicaciones, pero la sonrisa se me borra cuando veo que algo está debajo de mis pies. Me agacho a recogerlo y es un arete en forma de corazón. U Al llegar, bajo sin esperar que Fabián abra la puerta. Entramos a la clínica y trato de mantener distanc

