FABIÁN Suelto a Damián sin decir palabra. Salgo de la casa de mis padres con el rostro endurecido, subo a la camioneta que ya me espera y, sin perder tiempo, abordo la avioneta privada que me lleva a la parte más baja y sucia de la ciudad. O al menos, eso es lo que la mayoría cree. Lo que no saben, es que debajo del concreto, hay otro mundo. Un subterráneo donde yo mando. Entro con paso firme, rugiendo de rabia por dentro. Hoy no vine a negociar. Me informaron que ya encontraron al chófer de Tania. Está atado a una silla, la cara hinchada, temblando como un perro callejero. Me pongo los guantes negros. —Suéltenlo —ordeno. No soy cobarde. Si voy a golpear a un hombre, quiero que al menos tenga oportunidad de responder. Apenas se libera, le doy un golpe certero en la mandíbula. Sangr

