Paro un taxi, llego a mi casa y escucho a mi hermana llorando. —Fabián y yo nos amamos —les dice—. Hoy estuvimos jun-tos, pero Diana se metió entre los dos. —No es así, tú te fuiste —le responde mi padre. —Estaba confundida. Yo les dejé un recado con Diana —in-siste—. Les pedía que hablaran con Fabián para que me es-perara. —Eso es mentira —digo, entrando. Se me viene encima, pero mi padre la sujeta. —Entiendo que no soy tu hija, por eso prefieres a Diana dice. Ya sabe cómo hacer sentir mal a mi padre. Él se sujeta el brazo como si le doliera. Corro hacia él para sujetarlo, pero Tania aprovecha para em-pujarme. —¡Basta, Tania! —le grita mi madre, con una voz que nunca había escuchado así. —Ya basta de todo esto. Camina hacia mi padre. —Diana está casada con Fabián, solo será un

