Desperté con las esperanzas renovadas y comencé por hacer un aseo profundo en mi casa. Papá no me abandonaría nunca y eso quería seguir pensando. De seguro andaba por ahí bebiendo. En algún momento llegaría a casa, por ahora solo esperaría a que eso pase. Luego de haber terminado y no tener nada productivo que hacer, revisé mis notificaciones en el teléfono con la esperanza que Aaron haya respondido alguno de mis tantos mensajes. Pero no, no había señales de vida de él. Me decidí por llamarlo, quizás no tenía internet y por eso no había respondido. Marqué su número y contestó inmediatamente. —Estaré allá en media hora —se escuchaba un poco alterado, aún así traté de ser simpática con él. Quizás lo había llamado en un mal momento. —¿Vienes a mi casa? —solté una pequeña carcajada y la

