-Ah…-gimo extasiada, llena de tanta sobrecarga de placer que no podría ni siquiera negarme a nada, estaba segada, segada con sus caricias con su lengua viperina y aquel hombre que no me dejaba en paz, sabia a la perfección que su único objetivo es doblegarme ante él, sabía a ciencia cierta que solo quiere amarrar la cadena en mi cuello para no dejarme marchar, y sabía muy bien que jamás podría liberarme de él. ¡Pero tan solo soy una simple mujer, que puedo hacer en contra del hombre a la cual estoy malditamente enamorada. Como podría luchar contra el Emir de Arabia saudita, mi marido, el amor y dueño de mi corazón. Sus penetraciones son lentas y cuidadosas, sabiendo bien lo delicada que es esa parte de la anatomía, jamás estuve de acuerdo que el sexo valla más allá de lo normal, y que ah

