Nerviosa, angustiada y sobre todo triste. Hoy me convertiría en la esposa de un hombre que no conozco, hoy me tendría que entregar a él en cuerpo y alma. Desde este preciso momento yo Amira Abdul, dejaría de ser la simple chica que se la pasaba horas leyendo trincadas novelas románticas, a la mujer de un rey Arabe. Desde hoy mi papel cambiaría, se me exigiría traer al mundo un heredero, se me exigiría cumplir las leyes y sobre todo ser la sumisa de mi esposo. Cierro mis ojos, trato de mantener la compostura y no echarme a llorar como niña pequeña, cuando ya siento que todo está bien, que mi cuerpo se relaja, los vuelvo abrir, resignada a la realidad. Mis ojos están fijos en la imagen que aparece en el espejo del enorme vestidor, mi corazón late de prisa al verme así, vestida de blanco,

