Los días transcurrieron de una manera bastante rutinaria, y ahora con esta enfermedad mi marido me tiene recluida de todo deber innecesario, solo salgo para cosas importantes y la mayoría de los demás él se encara de ello, haciéndome sentir aún más exhausta, el no poder hacer nada, y mantenerme como una rehén en este harem se a convertidor en mi infierno personal, y si no hago nada me volveré loca en ello. Voy en camino al despacho de mi marido cuando me encuentro a Hisu, ella me saluda con un asentimiento de cabeza yo solo me atengo a sonreírle tensa. -Qué bueno verte por aquí querida, mayormente no sales de tus aposentos últimamente. -Mis razones tendré para no hacerlo su alteza- ella sonríe con hipocresía. -Que lastima, hay tantas cosas que hacer, y como esposa no has hecho muy bien

